Huelga de trenes en la estación Finlandia

Purgas sangrientas en Corea del Norte

Pablo Stefanoni
lunes, 16 de diciembre de 2013 · 20:59
El reciente fusilamiento del poderoso tío de Kim Jong-un, Jang Song Thaek, puso de relieve una violenta –y sangrienta- disputa entre facciones del régimen norcoreano.
Varios elementos confluyen para considerar que se está librando una lucha de poder en la que el joven Kim (30 años) busca solidificar su poder. Uno de ellos es que la caída en desgracia de Jang fue publicitada por el propio régimen, lo que no suele ser habitual en el "reino ermitaño”.
Así, se pudo ver el momento en el que dos soldados sacan a Jang de la reunión del Comité Central y se lo llevan detenido, o cuando el anciano dirigente marchaba esposado rumbo al tribunal que lo condenó en cuestión de pocas horas al paredón.
No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que la humillación pública del tío de Kim –nombrado en 2010 como vicepresidente de la poderosa Comisión Nacional de Defensa- era un mensaje para todos quienes osen desafiar su poder.
Como si se tratase de una monarquía, el poder del nuevo líder fue heredado de su padre, Kim Jong-il, quien falleció en 2011, y que, a su vez, había sido colocado en la cabeza del Estado por su propio progenitor, el mítico Kim Il-sung.
Jang –casado con la hija de Kim Il-sung- había sido colocado como una suerte de regente para ayudar al jovencísimo Gran Mariscal a consolidarse en el poder, pero éste lo hizo a costa de la vida de su propio tío, en un caso de brutal "despotismo asiático”.
El "traidor” Jang fue acusado de una catarata de los peores delitos: robo de más de cuatro  millones de euros del patrimonio público, venta de recursos naturales de forma ilegal; aceptar sobornos de extranjeros para otorgar facilidades comerciales; hiperdevaluación artificial del won norcoreano para destruir la economía interna; fraccionalismo entre Partido y Ejército para provocar una caída del sistema; intento de golpe de Estado; consumo de drogas ilegales y pago de prostitución durante sus estancias en el exterior.
En un lenguaje ya inhabitual, recuerdo de la época de los procesos de Moscú, pero con el agregado de la estrambótica jerga Juche, se informó que el caído en desgracia "formó su secta agrupando a las fuerzas malsanas durante largo tiempo y cometió el complot de derrocamiento del Estado con intrigas y métodos sucios con la ambición de usurpar el máximo poder de nuestro partido y Estado”.
El comunicado dice que sus bajezas lo volvieron un tipejo peor que un perro, y una serie de insultos por el estilo. "La época y la historia registrarán para siempre y no olvidarán nunca los horribles crímenes de Jang, enemigo del partido, la revolución y el pueblo y peor traidor a la patria”.
 La clave de bóveda de todo esto no es, obviamente, la corrupción (que es probable que alcance a toda la cúpula del régimen norcoreano), sino su posible intento de derrocar a Kim. Jang era considerado un partidario de las reformas estilo chino, como una forma de evitar el colapso de una economía que sobrevive malamente, y que ha provocado ya varias hambrunas.
Corea del Norte, pese a su retórica ultraguerrera, recibe ayudas alimentarias del exterior. También tiene algunas zonas económicas especiales. De hecho, Jang se encargaba de los proyectos macroeconómicos en las zonas especiales con China. Pese a ello, el discurso ultranacionalista delirante sigue en pie, como una forma de responder a Corea del Sur, país defendido con bases militares de Estados Unidos.
Pero todo esto muestra que el régimen de Kim se ha visto obligado a reconocer cuestiones que, supuestamente, estaban ausentes de las esferas del poder de Pyongyang, como la corrupción, el desmanejo económico y "perversiones” de diversa naturaleza.  Por otro lado,  parece infantil el argumento de que Jang ya era un malvado,  pero mientras vivieron los mariscales –Kim Il-sung y Kim Jong-il- no se animó a mostrar su verdadero rostro.
Otros más cayeron con Jang, y es imposible determinar la magnitud de la purga, que por el poder que tenía en el partido y el Estado es posible que conlleve amplio alcance.
La poderosa viuda de Jang, Kim Kyong-hee -general del Ejército Popular de Corea y miembro del Buró Político del Partido de los Trabajadores- sobrevivió a la purga y el sábado fue incluida en la lista de altos cargos que formarán el comité que organizará el funeral de Kim Kuk-tae, un dirigente comunista fallecido el pasado viernes. La señora Kim es la hija de Kim Il-sung, nombrado tras su muerte Presidente eterno del país, y había rumores de que se había separado recientemente de Jang.
Ahora hay que ver cómo reacciona China, cuya dirigencia está harta de Pyongyang, aunque busca prevenir la caída violenta del régimen para evitar un factor de crisis e inestabilidad en su propio patio trasero.

Pablo Stefanoni es periodista.

Ahora hay que ver cómo reacciona China, cuya dirigencia está harta de Pyongyang, aunque busca evitar la caída violenta del régimen.

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