Atando cabos

Salarios y productividad

Rodolfo Eróstegui T.
lunes, 16 de diciembre de 2013 · 21:01
Incumplimientos a la normativa laboral  se los encuentra  casi en todas las empresas sin importar su tamaño; sin embargo, son en las unidades más pequeñas donde se manifiesta la precariedad laboral  con mayor vehemencia. En las medianas y grandes empresas se está más cerca de cumplir con la idea del trabajo digno.
Este dato pasaría inadvertido si no fuera que el 82% de la población ocupada del país labora en  los segmentos más pequeños de empresas.  En estas unidades laborales las condiciones generales de trabajo son malas: no se cumple  con las ocho horas de trabajo, los descansos a media jornada y los descansos semanales.
Muchos trabajan por salarios inferiores al mínimo, no están afiliados a la seguridad de corto y largo plazo, etcétera, pero lo más lacerante es que el medio ambiente de trabajo, en muchos casos, es pésimo; por lo tanto, no existen condiciones para el cuidado de la salud y seguridad de los trabajadores.  
Esta situación, al parecer, no es por ausencia de una legislación laboral o por falta de una inspección ágil y dinámica de las condiciones de trabajo, creo que tiene que ver con las percepciones culturales de los trabajadores y de los empleadores.  
La mayoría de los trabajadores, estén conscientes o no de sus derechos laborales, acepta  los términos de su vinculación laboral a una empresa porque no les queda otro camino, y los empleadores pequeños, que generalmente inician sus negocios como una estrategia para sobrevivir, no tienen el capital  ni el conocimiento suficiente para mejorar las condiciones de trabajo.
Este comportamiento de los actores en el mercado de trabajo se lo observa desde hace varias décadas; por ello considero que en nuestro país se ha creado una cultura de la precariedad laboral.
Las grandes empresas emplean aproximadamente al 9% de la población ocupada, pero aportan al Producto Interno Bruto (PIB)  un poco más del 65%, mientras que las pequeñas unidades empresariales que emplean más del 82% de los trabajadores contribuyen sólo con el 25% del PIB. Esta baja productividad se manifiesta también en el nivel salarial y en las condiciones de trabajo.
De esta manera los trabajadores tienen dos mundos laborales altamente diferenciados: uno, el de las grandes empresas modernas y el otro, de las micro y pequeñas empresas  generalmente informales.
Pero estos dos mundos tienen  vasos comunicantes:  los trabajadores de las grandes empresas no reciben una compensación salarial acorde con su productividad, porque la productividad de las pequeñas empresas las jala hacia abajo.  
Según el último informe sobre salarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Europa, producto de la crisis económica, se aprecia una caída  de los salarios y también se precarizan   las relaciones laborales. Pero entre los años 2012 y 2013 los salarios en la Unión Europea tuvieron un crecimiento lento respecto a la  productividad.  En otras palabras: los trabajadores tienen una participación menor frente al capital.
Este bajo  crecimiento de los salarios podría deberse al aumento del número de trabajadores por cuenta propia que,  el año 2013, llegó a constituir 33 millones de trabajadores. Es de suponer que estos trabajadores tienen una productividad más baja respecto a los trabajadores asalariados.
El trabajo digno no puede ser analizado fuera del alcance de la productividad del trabajo en todos los segmentos empresariales. Querer mejorar las condiciones de trabajo únicamente con el endurecimiento de la normativa laboral, al parecer, no es el mejor camino.

Rodolfo Eróstegui  T. es economista, experto en temas laborales.

Página Siete se reserva el derecho de editar, por razones de claridad y extensión, todas las colaboraciones no solicitadas.

 

 


   

60
1

Comentarios

Otras Noticias