Desde la acera de enfrente

Ni boca cerrada, ni útero abierto

María Galindo
martes, 17 de diciembre de 2013 · 20:45
  La Asamblea Plurinacional y el propio proyecto político del Movimiento Al Socialismo (MAS) no están sólo alejados de la realidad, sino de la propia historia: el universo de las mujeres es uno de los universos sociales más dinámicos en la sociedad boliviana.
Los horizontes de vida de las mujeres han cambiado radicalmente en los últimos 20 años. Cada una de las chicas, que tiene entre 15 y 25 años, y que, como Evaliz Morales han crecido sobre la espalda de una madre hipersacrificada y viendo el abandono de un padre irresponsable, cada una de ellas, en el cuerpo y en la vida de sus madres, han forjado una visión crítica respecto a esa abnegación y ese sacrificio, y la gran frase que las identifica es: "yo no quiero ser como mi madre”
Uno de los cambios centrales en las vidas de esas mujeres es precisamente su relación con la maternidad y su relación con el sexo. Esa generación ha acuñado el término de "embarazo no deseado”, un término que no cabía en el léxico de sus madres, que debían bajar la cabeza ante un embarazo y aceptar cualquier tipo de imposición por estar embarazadas.
Estas generaciones de mujeres se atreven a preguntarse si quieren ser madres o no, se atreven a preguntarse por la calidad de relación que tienen con el hombre que podría ser el padre de la wawa, y así convierten un mandato en pregunta, pregunta que sólo admite una respuesta existencial, donde sus sueños, sus miedos y su subjetividad toma protagonismo.
Se han convertido a sí mismas en sujetos, sin que el Estado, el colegio o los medios de comunicación lo reconozcan. Por eso en Bolivia se practican 80.000 abortos clandestinos, que son la respuesta histórica de las mujeres que han decidido decidir cuándo quieren ser madres.
Esas 80.000 mujeres lo hacen de manera ilegal, de esas 80.000 mujeres, las que arriesgan sus vidas para tener una vida son las mujeres pobres que no pueden pagar en una clínica privada un aborto seguro, que cuesta 400 dólares. Negar esta realidad es ir contra la historia y es atentar contra la vida de las mujeres.
No sólo se atenta contra la vida de la población con tanques en la calle, esta penalización y criminalización del aborto es una forma concreta de atentar contra las vidas de miles de mujeres jóvenes.
La maternidad ha dejado de ser un mandato y ésa es una realidad de facto que está más allá de la ley del Estado, de la ley del macho y de la ley de su Dios.
No estoy hablando de las menores violadas, sino del hecho básico de que el aborto es una realidad masiva y una pregunta existencial para todas las mujeres jóvenes en el país, sean del origen social que sean y provengan de la cultura que provengan.
La pregunta sobre la maternidad para ellas no es una pregunta cultural, ni religiosa, sino personal, porque será cada una de ellas la que tendrá que criar solita esa wawa, y eso lo saben porque lo han aprendido en la vida de sus madres.
La decisión de la Asamblea Plurinacional es una decisión, no sólo machista y patriarcal, sino antihistórica. Bolivia es el único país del Conosur que mantiene esta postura: en Uruguay se ha despenalizado, en Argentina se ha legislado el aborto no punible, abriendo una gran puerta para salvar las vidas de las mujeres.
La promesa electoral de Bachelet es despenalizar el aborto; sólo en Bolivia, en esta Bolivia del Dakar, de la cancha de fútbol y del avión presidencial se les niega a las mujeres su condición de sujetos, y lo firma una presidenta de Diputados, dejándose poner el pie en el cuello por la Iglesia, la derecha y los fundamentalistas del MAS. Están ahí, pero una vez más demuestran que no sirven para nada.
 
María Galindo es miembro de

 Mujeres Creando.

   La maternidad  ha dejado de ser un mandato y ésa es una realidad de facto que está más allá de la ley del Estado, de la ley del macho y de la ley de su Dios

 

 


   

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