Cara o cruz

Los récords tenebrosos de la justicia

Raúl Peñaranda U.
miércoles, 18 de diciembre de 2013 · 20:32
Récord de kilómetros fugados por tierra y avión: el que vivió el norteamericano Jacob Ostreicher. Viajó por aire 6.700 kilómetros entre Lima y Los Ángeles, y 3.400 kilómetros entre esta ciudad y Nueva York. Su viaje por tierra también fue largo: 1.500 kilómetros entre La Paz y Lima.
El caso logró prominencia gracias al involucramiento del afamado actor (y "embajador” boliviano en el tema del mar, nombrado por Evo, je) Sean Penn.
Los mafiosos de la Dirección de Bienes Incautados le quitaron al pobre ciudadano miles de toneladas de arroz valuadas en 30 millones de dólares. Y los jueces lo arrojaron a una celda de Palmasola, durante 18 meses, sin acusación formal.
Después estuvo un año con detención domiciliaria. ¡Pasaron casi tres años y el juicio jamás se inició como tal! Durante su detención (ya sea en su casa o en su celda), las audiencias del proceso se suspendieron 45 veces.
-Récord de horas tomadas durante una fuga: el honor lo tiene el senador opositor Roger Pinto, que estuvo 22 horas en un vehículo para llegar de La Paz a Corumbá, en la frontera de Brasil y Bolivia. Recorrió por tierra 1.490 kilómetros y luego, por aire, 1.095 kilómetros entre Corumbá y Brasilia.
El caso es el que mayor irritación causó en Brasil: Pinto estuvo 15 meses detenido en la embajada de ese país en La Paz. Enfrentó más de 20 juicios, varios de ellos por "desacato” (ser insolente con las autoridades).
Pero la acusación más simpática era que Pinto había ordenado la tala de un árbol de castaña para ampliar un patio de la universidad pandina. Con todo eso, por supuesto que Brasil iba a concederle asilo.
-Récord de violaciones a los derechos humanos: José María Bakovic, expresidente del Servicio Nacional de Caminos, fue obligado a declarar judicialmente en la altura de La Paz, pese a que había demostrado su mal estado de salud.
Debido a la bárbara acción de jueces y fiscales murió por una complicación cardíaca. Bakovic, que a todas luces era inocente, enfrentaba 76 juicios en cinco departamentos del país. Muchas veces era citado a presentarse en audiencias que debían realizarse en dos ciudades distintas. Aparte de ello había logrado vencer 30 procesos.
-Récord de violaciones al procedimiento: 12 hinchas brasileños fueron acusados de disparar una bengala contra un adolescente que perdió la vida en un estadio. Sólo uno disparó, obviamente, pero 12 fueron detenidos.
La mitad de ellos demostró que no estaba dentro del estadio cuando se produjo el hecho (se dedican a contratar buses para la hinchada del Corinthians, etcétera). Ni la Policía ni los fiscales jamás analizaron el video, jamás convocaron a testigos, jamás hicieron una reconstrucción de los hechos, nada. Lanzaron a una mazmorra a 12 hinchas de fútbol, cuando se presume que sólo uno era culpable.
Éstos y otros son los "récords mundiales” de la vergüenza boliviana. Reflejan hasta qué punto la justicia se ahoga en la mayor crisis de su historia (que no fue mucho mejor en el pasado).
Los casos anotados son los más mediáticos, obviamente. Un senador fue ayudado por personal diplomático para fugarse; un empresario tuvo la cooperación de un actor de fama mundial para lograr salir.
¿Y los otros miles? ¿Los que no tienen ayuda de actores de Hollywood? ¿Los anónimos Pérez, Quispes y Mamanis? ¿Los desheredados que fueron detenidos con 200 gramos de marihuana? ¿Los que robaron una gallina y se pudren en la cárcel? ¿Los miles de hombres y mujeres que pasan años sin una sentencia, angustiados por el hecho de que en muchos casos están más tiempo encerrados que lo que establece la ley por el delito del que se los acusa?
Para ellos no hay ayuda de cuerpo diplomático, de afamados personajes del jet set internacional. A ellos sólo les queda reír (o llorar) cada vez que escuchan frases como "reforma de la justicia”, "Estado social y de derecho”, "revolución cultural”, "desarrollo nacional inédito” y "derrota del  neoliberalismo”.
 

Raúl Peñaranda es periodista.

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