Hablando de energía

YPFB, en su 77 aniversario

Carlos Miranda Pacheco
jueves, 19 de diciembre de 2013 · 21:25
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) es la segunda empresa petrolera estatal más antigua de Latinoamérica. Su vida, al igual que la de sus colegas, tiene luces y sombras. Eso no debe extrañarnos porque todas ellas llevan genes de dependencia y obediencia al Gobierno de turno.
Así, tenemos a Petrobras que ha perdido su posición de tercera empresa mundial del petróleo siguiendo algunos lineamientos de su Gobierno. Es una gran empresa estatal que tiene que aceptar que lo más conveniente para la petrolera no es necesariamente lo más conveniente a Brasil en su conjunto.
En México tenemos lo inverso: Pemex está siendo sujeto de terapia intensiva para su crecimiento gracias a la nueva política energética de su Gobierno.
No obstante a esas subidas y bajadas en la vida de las empresas petroleras estatales, éstas persisten, y así YPFB llegó a 77 años y continuará muchos otros más.
El rico anecdotario petrolero puede ayudarnos  a comprender esas oscilaciones empresariales.
Se relata que cuando se pidió a Rockefeller (el primero) indicar cuál era la empresa más rentable, él contesto rápidamente: "Una empresa petrolera bien manejada”, y cuando se le requirió indicar cuál sería la segunda empresa más rentable, también contesto sin titubear: "Una empresa petrolera mal manejada”.
Estas respuestas ilustran que los márgenes de utilidad petroleros son tan altos que permiten cometer grandes errores sin poner en peligro la existencia de una empresa petrolera.
Sólo nos queda desear que lo anterior suceda en nuestra empresa,  porque  2013 será recordado como el año que YPFB fue precipitado a un ingreso desordenado a la petroquímica, haciendo las mayores inversiones en la historia del país.
La petroquímica es el máximo estadio de crecimiento de una empresa petrolera. Como su nombre lo indica, rebasa su condición petrolera e ingresa a la química con un mercado terriblemente competitivo.  
El ingreso de una petrolera estatal a la petroquímica debe resultar de un cuidadoso análisis que implica: disponibilidad financiera, mercado existente y acceso a ellos, y disponibilidad de materia prima que pueda obtener mejores precios que exportándola. No menciono tecnología porque ninguna empresa estatal debe correr el riesgo de provocar desastres utilizando tecnología no probada ni disponible en el mercado.
En nuestro caso, ese análisis se complica porque no tenemos un mercado interno que pueda absolver total o parte importante de la producción, y porque no contamos con una infraestructura de transporte eficiente.  
Esos dos factores negativos nos obligan a exportar la mayor parte de la producción.  
Nuestra producción de gas es rica en licuables, que son materia prima petroquímica por excelencia (etano, propano, butano). Al exportar grandes cantidades de ese gas rico a Brasil nos colocamos en el umbral de la petroquímica y no lo traspasamos.
Se dejó pasar la oportunidad de construir un complejo petroquímico binacional en Puerto Suárez y de aprovechar el mercado más grande de América Latina.  Gravísimo error. Lo más lamentable es que sucedió por razones ideológicas.
El discurso insurreccional de El Alto, pidiendo la industrialización del gas, se convirtió en un compromiso político difícil de cumplir. Esa presión precipitó a un segundo y más grave error: el decidir construir una planta de fertilizantes sin tener mercados asegurados.
Ese ingreso desordenado a la petroquímica parece que continuará con la planta de polietileno y polipropileno en el Chaco. Hasta donde se nos informa, la producción será exportada a Argentina y Brasil. Ambos países nos proveen de esos productos y satisfacen nuestro mercado ¿Qué curioso no?
Será muy interesante ver cómo cambiamos roles con esos países. De comprador de pequeñísimas cantidades a vendedores en gran escala.  
Finalmente, error de errores: A todos estos proyectos se les provee fondos de reservas nacionales en el Banco Central de Bolivia (BCB), dineros, estimado lector, suyos y míos.  Ningún banco comercial los hubiera financiado.
Lanzar a un país hacia la petroquímica es una decisión de política económica respetable y admirada, siempre y cuando se lo haga de forma ordenada para prevenir tener grandes fracasos económicos que coloquen a la empresa petrolera estatal en la segunda categoría de empresas, a la que se refirió en la anécdota con Rockefeller al inicio de esta nota.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

Lanzar a un país   a la petroquímica es  una decisión política y económica respetable y admirada, siempre y cuando se lo haga de  forma ordenada.

Confidencial

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