Economía de papel

El año económico

Alberto Bonadona
viernes, 20 de diciembre de 2013 · 21:11
La economía boliviana crecerá un 6,5% hasta el final de 2013, una tasa superior a la de los últimos cuatro años anteriores, muy cercana al 6,15% que se logró en 2008.
Sin duda, lo logrado este año es alentador, aunque no se pueda tener seguridad de una permanencia de ese elevado nivel para 2014, situación que se confirma en los pronósticos de los organismos internacionales e, incluso, del propio Gobierno.
El referido crecimiento de estos pasados años se originó en los buenos precios de las materias primas, que se definen en los mercados internacionales y que han favorecido a todos los países de América del Sur.
En el caso de Bolivia, la situación ha sido aún más propicia. Por ejemplo, el precio del estaño, que mostró ciertas bajas, al igual que otros minerales en los últimos años, se ha estabilizado entre 18.000 y 20.000 dólares la tonelada desde 2012. Lo propio ha ocurrido con el precio del petróleo cotizado en el mercado WTI, uno de los líquidos que se usan para determinar el precio del gas que Bolivia exporta, que no ha bajado de 80 dólares el barril de crudo y se mantiene en torno a los 106 dólares.
 Sin embargo, no se debe perder de vista que gran parte del valor de las exportaciones se debe más a los crecientes precios que al aumento del producto exportado como tal. Así se constata que mientras el índice del volumen exportado por el país (con base en 2006) creció de 105 a 119 entre 2008 hasta 2013; el índice del valor, que incluye los precios de los productos exportados, creció de 113 a 214 en el mismo periodo. O sea, mientras el producto exportado apenas creció 14 puntos, este volumen multiplicado por el precio ascendió casi 100 puntos.
 No se puede negar, por lo tanto, el efecto de los precios favorables que han contribuido a que el conjunto de las variables económicas sean convenientes. Por supuesto, estas  condiciones positivas han repercutido en la expansión de la demanda interna, ya sea por el gran aumento de los gastos e inversión fiscales, como debido a la expansión de sectores productivos, mayoritariamente en manos privadas como es la minería, la construcción de viviendas y la manufactura.
 Algo que no se puede perder de vista son las presiones sobre los precios que existen en la economía nacional debido, nuevamente, a las propicias condiciones externas, que se traducen en las expansivas condiciones del mercado interno.
Es cierto que gracias a la bolivianización existe la posibilidad de ejercer una política monetaria con la que se pueden ejercer acciones respecto de la extracción de excesos de liquidez. No obstante, esta política, que ahora utiliza la venta de bonos estatales para disminuir la liquidez en manos del público, tiene las limitaciones de que éste puede exhibir en la adquisición de más bonos con pequeñas modificaciones en las tasas de interés.
 Es posible que las condiciones externas no se modifiquen radicalmente en los próximos dos o tres años siguientes debido a que la economía estadounidense lentamente se reactiva. Asimismo, la de la China no decae considerablemente y sus importaciones de minerales no declinan apreciablemente al otorgar mayor prioridad al crecimiento de su mercado interno. Por otra parte, las exportaciones de gas boliviano se encuentran suficientemente seguras al realizarse a dos vecinos que mantendrán sus niveles de compra en los próximos años.
Esto todavía abre la posibilidad de pensar en un mejor uso de los excedentes generados y así alcanzar mejores tasas de desarrollo, apoyadas en optimizadas condiciones de producción internas que logren, gradualmente, disminuir el actual condicionamiento que se tiene de los precios de las materias primas.

Alberto Bonadona  Cossío es
economista.

 

 


   

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