La Navidad

Rodolfo Mier Luzio
domingo, 22 de diciembre de 2013 · 20:54
¡Feliz Navidad!... Ese deseo de antigua data parece haberse quedado en el olvido, porque la Navidad se ha convertido en un maratón consumista y comercial, antes que en un reencuentro espiritual y religioso.
Antes, un chocolate y unos humildes buñuelos elaborados en casa eran más que suficientes para unir a la familia en torno a una mesa, donde la alegría y los sentimientos más profundos surgían espontáneamente. Fiesta de paz y de amor.
Ahora, la división entre los que pueden celebrar y los que encuentran difícil, sino imposible hacerlo, se ahondó: el que manda es don dinero, antes que el Niño Jesús, al que lo han cambiado por una figura que nada tiene que ver con la humildad, que debía prevalecer en estos días, ni con nuestra visión cultural.
El regordete Papá Noel, la extraña figura que fue importada sólo con propósitos comerciales y que  representa a la abundancia, es una palabra desconocida para la mayoría de los bolivianos.
Ahora las felicitaciones vienen acompañadas de regalos, creando profundas diferencias sociales. Y, odiosa realidad, que hace de la Navidad, más que una fiesta, sea un desencuentro de aquellos que tienen y los que no tienen nada.
A quienes ya somos mayorcitos nos queda la nostalgia del pesebre, ése que con esmero era levantado por toda la familia unida en torno al espíritu de la Navidad y la figura del Niño Dios.
Los niños recorrían las calles  interpretando villancicos y chuntunquis. Eran recibidos por las familias para que adoren al niño en el pesebre familiar. A cambio recibían una taza de chocolate, buñuelos o golosinas, que ponían sonrisas en las caritas de los pequeños, quienes, con improvisados instrumentos fabricados con tapitas de botellas, a modo de panderetas o simples tarros de leche que sonaban como tambores y bombos y un pequeño silbato lleno de agua, que imitaba a los pajarillos, interpretaban canciones navideñas.
En la zona rural del altiplano, los aymaras adornaban a su ganado y se echaban pétalos de flores durante la Navidad. Para ellos era la fiesta de los awatiris, es decir, de los pastorcillos, de ambos sexos, que cuidan las llamas, vicuñas, ovejas y otros animales del campo.
Diciembre era un mes de cambios para este grupo originario, porque era entonces cuando se asignaban las obligaciones de los pastores, se elegía a las autoridades originarias y se celebraban matrimonios.
Una peculiaridad de la zona andina, que no se repite en el resto del país, es la costumbre de elaborar figuras de barro para el pesebre que, aunque teóricamente es una costumbre cristiana, en realidad era una expresión del deseo de tener el próximo año mayor cantidad de ganado, un deseo bastante lógico en una sociedad que depende grandemente de la ganadería ovina y de auquénidos.
Estas figuras de barro se debían crear en pares: dos, cuatro o seis animales de cada especie. Al siguiente día se enterraban en el patio, no sin antes challarlas con alcohol y coca.
Ahora es más común tener arbolitos nevados (en pleno verano), materiales artificiales y animalitos plásticos, todo lo que antes era hecho a mano, con ramas de árboles de verdad, musgo de verdad y figuras de arcilla y barro.
La última tradición constante y que no se pierde aún, debido a la mayoría católica, es la misa de Navidad (un día antes de la Navidad), también conocida como misa del Gallo, que se celebra a las 12 de la noche, y a la cual se llevan los nacimientos que se tienen en los hogares para que sean bendecidos.
Que la pérdida de nuestras tradiciones no haga que se pierda el sentimiento y el espíritu navideño, que me permite desear a todos mis lectores una feliz Navidad.
Por lo menos... esos son mis sinceros deseos.

Rodolfo Mier Luzio, ciudadano boliviano.

Confidencial

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