Navidad es diferente

Víctor Codina s.j.
lunes, 23 de diciembre de 2013 · 20:42
Es tan grande la fuerza de la religión que los poderes de turno siempre intentan manipularla para sus intereses. También Navidad ha sido secuestrada e instrumentalizada.
Navidad se ha convertido en la orgía del consumo: se utilizan villancicos para vender panetones. Entidades comerciales que no tienen nada que ver con la solidaridad arman lindos pesebres. El gordinflón Papá Noel con su gorro rojo todo lo invade agresivamente.
El conflictivo doble aguinaldo ¿no es un intento de aprovechar las fiestas navideñas para propaganda electoral?
Los juguetes repartidos para conseguir la sonrisa de un niño,  ¿no tienen el riesgo de convertirse en propaganda y en competencia cívica, comercial e incluso eclesial para ganar adeptos?
Navidad es otra cosa, es un Dios que entra en nuestra historia y nace como pobre niño para enseñarnos a vivir como personas humanas dignas, libres y solidarias, para que construyamos un mundo nuevo, justo y respetuoso de la vida y de la creación.
Navidad se anuncia a los pastores, símbolo de los pobres y de los excluidos, para que edifiquemos una humanidad nueva desde el lugar de los últimos, una sociedad fraterna, sin exclusiones, de hijos e hijas del mismo padre Dios.
Sin embargo, la misteriosa  fuerza del nacimiento de Jesús es tan grande que ni el mercado, ni la política, ni las entidades cívicas o benéficas logran extinguirla y asfixiarla totalmente.
La luz brilla en medio de las tinieblas, Navidad no se deja domesticar: el pueblo sencillo, con su fe y piedad popular, lleva los niños al templo para recibir una bendición; las familias se reúnen, se abrazan y reconcilian; los niños, con su alegría y ternura, nos recuerdan que es posible la inocencia, que es posible estar alegres.
Aún en medio de las dificultades todos añoramos en estas fiestas un mundo de bondad y de paz. Lo mejor de todos nosotros nace de Belén.
Liberemos la Navidad de todos los secuestros, dejemos que aflore toda la fuerza subversiva de Navidad, aceptemos que para Dios los pobres y los pequeños son los primeros.
Creamos que Diosito nos acompaña siempre, no reduzcamos la Navidad a unos pocos días.
Nuestra estrella no es el satélite Túpac Katari sino la estrella de Belén. Nuestro Mesías y Salvador no vive en un palacio, sino que está en un pesebre.
No son el poder ni la violencia los que salvan al mundo, sino la bondad y la justicia. Nuestro Dios no es el mercado ni el consumo.
Navidad no es marketing. Digamos no a una economía de exclusión, no a la idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir, no a la inequidad que genera violencia; vivamos una Iglesia pobre y de los pobres, como sueña el papa Francisco.
Mientras en nuestras calles tengamos una legión de mujeres potosinas que con sus niños piden limosna, ¿podemos celebrar Navidad tranquilos?  Navidad es otra cosa de lo que muchos nos hacen creer, Navidad es diferente.

Víctor Codina es  sacerdote jesuita.

Dejemos que  aflore toda la fuerza subversiva de la Navidad, aceptemos que para Dios los pobres y los pequeños son los primeros.

 

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