Resolana 205

Ajuste de cuentas

Carmen Beatriz Ruiz
martes, 24 de diciembre de 2013 · 17:30
Como mucha gente, me he estado quejando de la rapidez con que pasó este año 2013. ¿Será verdad que todo va más rápido? o ¿será, más bien, que el mundo actual nos ofrece tanto y tan diverso que no nos alcanzaría el tiempo ni aun cuando los días tuvieran el doble de horas y los años el doble de días para vivirlos? Parece que, junto con el exceso de la oferta, el siglo XXI está criando nuestra voracidad.
El  mundo no da tregua con su Feria de Vanidades en alocado carrusel, donde se mezclan en el mismo orden lo banal y lo importante. ¿Qué es banal? ¿Qué es importante? Podríamos dar las pautas nosotros, pero la mayor parte de las veces ese tiovivo nos atropella.
Queremos conocer más gente, hay lugares que no podemos dejar de visitar, "necesitamos” enterarnos de todo y, en el momento en que las cosas ocurren, nos comunicamos simultáneamente a través de los celulares.
Mientras tuiteamos, "colgamos” fotos en el "face” y corremos en auto hacia alguna parte. Nos esforzamos hasta lo indecible para estar presentes en el mundo y no nos resignamos a que el mundo siga girando sin esa presencia.
No queremos perdernos nada, pero, quizá, estamos perdiéndonos lo mejor, que podría ser aprender a estar con nosotros mismos.
Sin embargo, pese a ese ritmo de apremio, es posible encontrar los huecos precisos en el tiempo, esos agujeros negros que, de pronto, tienen el nombre de nuestras particulares aspiraciones.
Lo he estado escuchando, sobre todo de mujeres urbanas, profesionales, clasemedieras y subcincuenta: "este año fue intenso, trabajé mucho, estoy cansada de tanto afán” o "el próximo año trabajaré menos por los demás y me ocuparé más de mí  misma”.
Pero, a pesar de las quejas y del agobio, siguen sumando: el título de maestría, otro hijo bachiller, el inicio del doctorado, un nuevo trabajo, la hija que se independiza, el matrimonio que remonta un nuevo bache, proyectos novedosos, otra dieta comenzada (esta vez sí),  reuniones con amigas (¿cómo no vamos a vernos, si es fin de año?) y el plan del gimnasio para el próximo lunes (¡ahora o nunca!).
Es cierto que una buena parte de los proyectos de enero se quedaron en la cola de este 2013 que termina, pero ¿quién nos quita lo bailado?
Mi propio ajuste de cuentas me está entregando un enorme saldo a favor: conocí el río Parapetí y justo después de ver Ivy Maraey, publiqué Fronteras, vi crecer y desgranarse las flores sobre el jardín, embarduné mi boca con denso chocolate mojeño y las personas que más amo están a mi lado.
En realidad, esta columna debería llamarse   Gracias a la vida. Y gracias por el nombre, Violeta.

Carmen Beatriz Ruiz es

 comunicadora social.

No queremos    perdernos nada, pero, quizá, estamos perdiéndonos lo mejor, que podría ser aprender a estar con nosotros mismos.

 

 


   

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