Desde la acera de enfrente

La virgen contrabandista

María Galindo
martes, 24 de diciembre de 2013 · 17:28
 Nuestra virgen andina no lleva aguayo y ha cambiado su pollera por un práctico buzo que usa en las amanecidas que se pega para pasar su contrabando hormiga por la frontera.
Es una virgen cargadora, es una virgen especialista en seleccionar la mercadería que más venta tendrá; es una virgen conocedora de todas las fronteras. Ella podría darle lecciones de economía a Arce Catacora y lecciones de productividad a Teresa Morales.
Ha transitado todas nuestras fronteras, porque para ser una virgen contrabandista tiene espíritu de exploradora, es especialista en manejar las leyes de oferta y demanda, y con ese poderoso conocimiento escoge su mercadería.
Sabe que todo es traer y traer, porque acá los panetones, la ropa, los juguetes, el cielo y las estrellas, todo, viene de otro lado y nada es boliviano.
El día de Navidad, mientras el Salvador nace en las casas de los burócratas con todo tipo y condición inimaginable de regalos, ella estará en la calle intentando acabar la mercadería navideña, para luego pasar a sacar los calzones rojos y amarillos de Año Nuevo.
Es tradición ya pasar la Navidad en la calle vendiendo, para ella es una adicción acabar la mercadería hasta cualquier hora.
Es una virgen callejera, sin pesebre ni corral. Sus wawas han crecido en los cartones de mercadería y su techo es el cielo. Su vida es pagar deudas y volverlas a contraer, su vida es coimear al policía de frontera, y en eso sabe que todos los gobiernos no son iguales, sino idénticos.
Se sabe en el rubro, que mayor ganancia genera en el país. Ni loca se pondría a producir ropa, porque de costurera sabe que se moriría de hambre. Sabe que no hay cómo competir contra el contrabando y la variedad que te ofrece la industria china, por eso ella es contrabandista y no obrera.
La virgen contrabandista no tiene organización, ni movimiento social, ni partido político  ni religión. Sobrevivir es su desafío: comer bien cuando gana bien y hambrear cuando pierde. Salta de una condición a otra en un abrir y cerrar los ojos. Todo depende de la suerte que le toque al cruzar la frontera.  
Los días de la semana son todos de trajines, sin domingos, sin lunes. No tiene patrones y a esta altura tampoco los soportaría. Ha  desarrollado un espíritu tan independiente como el de un pájaro: vuela y atraviesa las fronteras sin pedir permiso a nadie.
No conoce médico, ni planes de vivienda ni nada de lo que se va ofreciendo por ahí le llega a ella. La virgen contrabandista sabe que los grandes contrabandistas pasan con visado gubernamental las fronteras como siempre; es a ella a la que revisan y husmean, a la que el COA de frontera extorsiona, como siempre.
La virgen contrabandista es una mujer ilegal: ni pide  ni da factura para nada, porque para nada le sirven esos papeles. El mundo de la legalidad la usa como mal ejemplo, pero para ella ser contrabandista no es un insulto, no se inmuta siquiera.
Ella no es enemiga de la industria nacional, ella es una sobreviviente en una economía neoliberal. Y porque es economista de facto, contadora de facto y administradora de empresas de facto, de sus manos han salido miles y miles de dólares con los que los bancos han construido edificios y millonarias ganancias, que el ministro de Economía exhibe como su gran éxito de gestión.
En esta Navidad me compraré, sin regatear el precio, una sidra de contrabando, industria argentina y unas copas chinas de contrabando también. Saldré a brindar por las calles con las contrabandistas de la Evaristo Valle, de la Eguino y de la Tumusla.
 
María Galindo es miembro

 de Mujeres Creando.

De sus manos  salieron miles de dólares, millonarias ganancias que el ministro de Economía exhibe como su gran éxito de gestión.

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