Menudencias

Las dos imágenes del año

Juan León Cornejo
miércoles, 25 de diciembre de 2013 · 21:58

El pequeño cajón de lustrar calzados y el dedo índice presidencial sintetizaron, casi al concluir el año, la Bolivia de estos tiempos.
A un lado, el país de gente humilde que sólo espera condiciones mínimas de trabajo para sobrevivir con dignidad; en el otro,  el poder político que  amenaza, advierte y exige sometimiento a sus mandatos "por una cuestión de dignidad”. El país paciente y generoso busca oídos para sus esperanzas, deseos y necesidades; el poder ansioso y soberbio impone consignas para satisfacer sus propios objetivos.
En su humildad, los niños del cajón de lustrar zapatos renovaron en vísperas de la Navidad  las esperanzas de tiempos mejores de su pueblo, pero, sobre todo, demostraron la vigencia permanente de una nación dispuesta siempre a luchar por sus derechos, frente a las señales de fuerza y prepotencia del poder político.
Con sus 12 años ya a cuestas, las manos manchadas de betún y la sonrisa aún pícara, Geral  le dijo al poder: "si nos prohíben, trabajaremos clandestinamente, ocultándonos para que no nos vean, para conseguir un poco de dinero”.
Ellos querían llegar a la plaza principal con su demanda de cambiar una ley que les impondría tener 14 años para que puedan trabajar, pero la Policía estaba ahí para recordarles, con gases y bastonazos, que a la plaza no tienen acceso los que piden algo, aunque sea sólo su derecho a trabajar.
Según la Defensoría del Pueblo, en Bolivia hay 850 mil niños y adolescentes que trabajan. Nueve de cada diez en oficios considerados peligrosos y representan casi un 20% de la fuerza económicamente activa.
No votan, pero son la reserva ciudadana más valiosa de nuestro país. Su nivel de organización y su espíritu de lucha lo prueban.
"Nosotros no tuvimos ningún apoyo de alguna organización. Estuvimos movilizados para un bien común. Nos reunimos delegados de cada departamento y tomamos la decisión de salir a marchar”, informó Armando Mamani.
La historia enseña, aquí y en todas partes, que la gente no necesita patrocinio alguno para ejercer sus derechos. La convivencia en comunidad depende de su facultad de exigir todo lo que la ley establece en su favor. No se justifica, simplemente por eso, el afán de atribuirle a cualquier demanda influencias ajenas.
Sobre todo cuando llegan a caballo de la advertencia de expulsar a organizaciones no gubernamentales que, a juicio del Gobierno, "vienen para conspirar”, como afirmó el Presidente, con el índice en alto al anunciar que las tiene en la mira porque "están buscando financiamiento para conspirar” y "tergiversan los datos para hacer quedar mal al Gobierno” y para "desgastar al Evo, para tumbar este proceso”.
 La advertencia implica amenaza de expulsión alegando: "nos tratan como si no tuviéramos mucha formación, viéndonos desde arriba como cualquier patrón e imperio”. Y amerita, seguramente, identificar con nombre y apellido a las instituciones que estarían involucradas en esos afanes.
Las generalizaciones son malas, sobre todo cuando hay alto nivel de confusión. Un diputado oficialista les atribuyó padrinazgo de Usaid, por ejemplo, pero la recién expulsada IBIS es danesa y fue, según sus ejecutivos,  promotora de un viaje del actual Presidente, en sus tiempos de sólo dirigente cocalero, a Dinamarca. 
Sin el menor afán de justificar la tarea que cumplen, bueno es recordar que la mayoría de las ONG está en Bolivia desde mucho antes de que el Presidente en Palacio. Que en muchas de ellas trabajaron y se formaron profesionales que están ahora en el Gobierno. Que el propio Presidente se proyectó políticamente con apoyo de algunas de ellas. 
Dice la sabiduría popular que el diablo no sabe para quién trabaja, pero dice, también, que para partir al palo no hay mejor cuña que la del propio palo.
En ese marco, vale la pena expresar también preocupación por el afán de meter en la misma bolsa a los medios de prensa, atribuyéndoles afanes políticos ajenos a su misión específica.
El Presidente puso primero contra la pared a un periodista de la red ERBOL al revelar que tiene información sobre su vida privada y demostrar que está dispuesto a utilizarla. Fue cuando se negó a informar sobre el destino que le daría a su segundo aguinaldo, pero dijo saber que el periodista tenía su "segundina”.
Dentro de una estrategia, que apunta ahora a los medios, descargó después artillería contra la red misma de radios. El Presidente dijo que "con plata del exterior” ese medio está "cada día sacando la mugre al Gobierno”. Le criticó "someterse al financiamiento externo” y se preguntó "¿qué dignidad pueden tener ese medio de comunicación o ese periodista?”.
Son dichos graves. El primero revela que existe trabajo de seguimiento político a la vida privada de los periodistas. ¿Por qué y para qué? El segundo es amenaza directa de intervención a un medio de comunicación de larga historia en el país.

Juan León Cornejo es periodista

Confidencial

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