Editorial

Ingreso de gays a las Fuerzas Armadas

miércoles, 25 de diciembre de 2013 · 21:33

El periódico El Deber informó hace poco que existe un acuerdo para que postulantes gays a las FFAA tengan un "cupo” para ingresar a esas filas. Esto entraña un cambio radical de ver la situación en la entidad uniformada nacional. Hasta ahora se había producido una especie de "no digas-no preguntes”; es decir, una manera de no involucrarse en el tema. Si un estudiante, que era gay pero no lo decía, postulaba al colegio militar y era admitido, realizaba su carrera con normalidad. Pero siempre que mantuviera su identidad sexual en reserva.
Ahora eso cambiará notablemente, según esa información. El sistema de "cupos” estará vigente, aparentemente entre 2014 y 2015. La iniciativa genera numerosas dudas: ¿de cuánto será el cupo? ¿Los postulantes dirán que son gays para poder ingresar utilizando esa cuota? ¿Lo dirán en sus postulaciones? ¿Sus futuros compañeros sabrán que postularon usando este mecanismo de apoyo a los homosexuales?
Página Siete defiende explícita y definitivamente el derecho que tienen las personas de escoger su identidad sexual. Hemos afirmado, por ejemplo, que apoyamos la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero esta iniciativa no cuaja del todo. Si bien el sistema "no digas-no preguntes” impide a los homosexuales informar sobre su tendencia sexual, lo que les quita un derecho, ofrecer "cuotas” no resuelve el problema. Por el contrario, podría ser una medida discriminatoria. Cada postulante debería poder estar en la libertad  de dar a conocer su identidad sexual o mantenerla como algo privado -pero no prohibido- si lo ve conveniente, pero en su formación tendría que competir con el resto en igualdad de condiciones.
Es bueno considerar que el país atraviesa por una fase que no es de tolerancia y de respeto a los derechos humanos. El propio presidente Evo Morales ha señalado que los derechos humanos perjudican la formación militar.
 El Gobierno, ante las 28 muertes ocurridas en cuarteles de uniformados en los últimos tres años, no ha movido un dedo por aclarar los hechos ni para, por lo menos, tratar de que no se sigan produciendo en el futuro. Ante una realidad así, nos podemos imaginar el vía crucis que implicaría para un muchacho homosexual revelar su identidad en una entidad tan conservadora e irrespetuosa de los derechos humanos.
Sin duda, sería ideal que todos dijeran, sin temor, cuáles son todos sus rasgos identitarios; pero, hoy por hoy, ningún postulante gay tendría ninguna seguridad de que sería respetado. Todo lo contrario. Sus vidas correrían peligro, literalmente.

Hoy por hoy, ningún postulante gay tendría ninguna seguridad de que sería respetado. Todo lo contrario. Sus vidas correrían peligro, literalmente

Confidencial

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