La Navidad que viene de lejos

Rodolfo Faggioni
jueves, 26 de diciembre de 2013 · 20:41
El 25 de diciembre es un día de fiesta para pueblos de culturas y religiones distintas, lejanas en el tiempo y en el espacio, pero ¿por qué precisamente ese día? Seguramente se remonta a 5.000 años atrás.
Los primitivos del hemisferio boreal vivían con terror por el progresivo reducirse del día y por la luz que, poco a poco se debilitaba. Vivían aterrorizados pensando que el Sol estuviese por apagarse y comenzase el fin del mundo.  Después del solsticio, es decir el día del Sol "detenido”, la "estrella de la mañana” reanudaba su vigor dejando atrás la oscuridad y el frío. Actuaba el milagro del triunfo del Sol y, naturalmente, de la vida sobre la muerte.
En el Imperio romano convivían en un clima de tolerante relativismo infinitos cultos politeísticos, tanto que el escritor y político romano Tito Petronio (20 dC - 66 dC) con su proverbial sarcasmo dijo en el Senado: En nuestro territorio pululan tantas presencias divinas, que es más fácil encontrar un dios que un hombre.
Entre otros florecía el culto tendencialmente monoteísta del  Dies Natalis Solis (día del Sol de Navidad),  junto al culto del dios Mitra, nacido de una virgen y llamado  Salvador, acompañado por doce discípulos.
En la noche entre el 24 y el 25 de diciembre, los fieles del Dios se reunían en un lugar sagrado y subterráneo para hacer, a medianoche, ritos de iniciación. Al alba, apenas el Sol nacía, salían en procesión detrás de la estatua de un niño, símbolo del Dios Sol.
En el extremo territorio del Imperio, en Babilonia, siempre en el mismo día, se festejaba al dios Shamash, también el dios del Sol, dios de la justicia y de la predicción porque, según ellos, el Sol veía todo: lo pasado,  presente y futuro. Los pueblos germanos adoraban a su vez a la Yule (rueda), símbolo del Sol.
Es imposible no ponerse una interrogante sobre el hecho de que en pueblos que no han tenido ningún contacto con la cultura de los hemisferios norte, como los pueblos del continente americano, se encuentren increíbles analogías con los cultos del mundo occidental.
En la península de Yucatán, en México, y en   Perú, del Imperio incaico, era vivo el culto del dios Sol. Se llamaban respectivamente, Bacab, hijo de una virgen, y Wiracocha.
El emperador romano Valeriano fue el que unió en el Dies Natalis Solis todos los cultos que en el Imperio tenían relación con el Sol. Sucesivamente, Constantino, admirador del Sol, abrazando la fe cristiana, transformó en fiesta cristiana la fiesta del Sol invicto. El Dies Natalis Solis se transformó, de este modo, en Deus Domini, es decir, Día del Señor, la actual Navidad.
Se ignora cuándo ha nacido Jesús. En los evangelios no se indica el día  ni el mes  ni el año específicamente. En los primeros años del cristianismo se hicieron muchos intentos para poder indagar la fecha exacta.
En el 337 d.C., el papa Julio I decretó oficialmente, sobre las normas de Constantino, la fecha de Navidad. Así escribe en la nueva Enciclopedia Católica de orden franciscano: "Fue asignada la fecha del solsticio de invierno, porque en ese día el Sol comienza su regreso a los cielos boreales”. Los paganos que adoraban el dios Mitra, celebraban el Dies Natalis Solis Invictum, pero la Iglesia, suplantando las fiestas paganas solsticiales, erguía la fiesta de Navidad y adaptaba la nueva religión a los antiguos cultos rituales.
El culto al dios Mitra fue suspendido en 376 d.C. por orden del prefecto de Roma, mientras que el emperador Teodosio (347 d.C. – 395 d.C.)  hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio, iniciando así la persecución a los paganos.
 
Rodolfo Faggioni es periodista

boliviano que reside en Italia.

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