Las presiones contra las ONG

sábado, 28 de diciembre de 2013 · 20:37

Una sociedad democrática posee un sistema de partidos pluralista, medios independientes, un Parlamento diverso, unos movimientos sociales activos y unos grupos de presión despiertos. Un país democrático precisa de diferentes actores: las instituciones de Estado (o del Gobierno), las empresas privadas y las entidades no gubernamentales, las ONG, que representen  distintos puntos de vista y sectores ideológicos, y que desempeñan diferentes tipos de actividades no necesariamente comerciales ni productivas, pero no por ello prescindibles para un Estado.
En este contexto, el país no anda tan bien que digamos. En el Parlamento el oficialismo aprueba todas las leyes sin negociar un ápice con la oposición, los partidos contrarios al Gobierno están debilitados, los medios independientes son cada vez menos y los movimientos sociales están cooptados por el oficialismo (o son oficialistas por genuina decisión). El último eslabón que permitía una cierta pluralidad, las ONG, está  ahora, también, siendo presionado por el Poder Ejecutivo.
Es una ironía que el partido que más apoyo recibió en el pasado de fundaciones y ONG (el MAS), y los líderes que mayormente se beneficiaron de éste (el propio presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera, entre muchas otras altas autoridades de Gobierno) ahora busquen callarlas, reducirles el espacio de trabajo o, peor aun, expulsarlas del país.
La más reciente amenaza fue propalada por el presidente Morales: "Quiero que sepan, si hay algunas ONG (que critican), ya nos estamos informando. Si siguen conspirando como la Embajada de Estados Unidos vamos a tener que cerrar y expulsar(las); vienen a conspirar contra esta revolución democrática y cultural”.
En efecto, la amenaza se concretó con la expulsión de IBIS, una  ONG danesa, con el argumento de que tiene actuaciones políticas "intolerables” en contra del Gobierno y que financió la división de organizaciones sociales indígenas. IBIS  trabaja en Bolivia en proyectos educativos para los pueblos indígenas, en el fortalecimiento de la gobernabilidad y la democracia intercultural, y también en programas  sobre el cambio climático; tiene como contrapartes a organizaciones de pueblos indígenas, universidades, institutos de investigación e instituciones con competencia técnica en gobernabilidad, educación y otros.
Los ejecutivos de IBIS se mostraron  sorprendidos con el anuncio y  afirmaron que la ONG mantiene estrecha cooperación con el Poder Ejecutivo, con el que buscará establecer un diálogo para aclarar "malos entendidos”. Sin embargo, la expulsión ha sido oficializada y deberá efectuarse en un plazo de tres  meses, sin que, según sus directores, se diera espacio para dicho diálogo.

Es sin duda una señal preocupante para la institucionalidad del país. No se puede generalizar -y muchas de estas entidades quizás  trabajan de manera ineficiente y perezosa-, pero la presencia de las ONG es imprescindible y ha sido de mucho beneficio para el país, especialmente en el campo técnico, de formación y transferencias de tecnología, sin mencionar su aporte al tratamiento de temas aún débiles en el país, como la educación ciudadana, el medio ambiente y muchos otros.
 Más allá de expresar una posición intolerante ante el probable disenso de algunas entidades con las acciones del Gobierno, este tipo de decisiones resulta  poco reflexivo y antidemocrático. A pesar de que pasa por un buen momento económico, el país aún precisa del concurso de instituciones que no respondan estrictamente a las visiones del Gobierno y aporten en diversos espacios.
"(La de las ONG) es una posición cómoda. (Hay) un clima de temor. Por sobrevivir, uno a veces se calla, seguro eso pasa con algunas. Tal vez hay temor a que se les restrinja financiamiento o legalmente se las pueda cerrar; esas cosas están afectando”, señaló a Página Siete Susana Eróstegui, directora ejecutiva de Unitas, una de las redes de ONG más fuertes del país. Lamentable.

No se puede generalizar, y quizás muchas de estas entidades trabajan de manera ineficiente y perezosa, pero su pres Más allá de expresar una posición intolerante ante el probable disenso, este tipo de decisiones resulta  poco reflexivo y antidemocrático.encia es imprescindible.

 

 

 

 


   

60
1

Comentarios

Otras Noticias