Crímenes cada vez con más crueldad

Editorial
lunes, 02 de diciembre de 2013 · 20:29
Ya no es únicamente un asunto de seguridad ciudadana. Tampoco, al parecer, tiene que ver estrictamente  con la marginalidad o la pobreza. La crueldad de una gran cantidad de crímenes que estamos presenciando en el país, con cierta regularidad, nos hace cuestionarnos: ¿qué está pasando?
Solamente en las últimas semanas de noviembre, los medios de comunicación han informado -en diferentes tonos y matices- de al menos dos hechos que ilustran esta preocupación. En la ciudad de El Alto, la joven Blanca Rubí Limachi, de 20 años, desapareció durante más de 10 días y su cuerpo, con visibles signos de  abuso sexual, fue encontrado el jueves en una vivienda de esa urbe, propiedad del padre del supuesto asesino, que la habría contactado a través del Facebook.
La Policía sospecha  que el detenido  podría ser un asesino en serie porque cerca de la misma casa se encontró hace tres semanas el cuerpo de otra mujer envuelto en un bolsa azul, tal como estaba el de Limachi. En la vivienda se hallaron ropas femeninas y varias cédulas de identidad de chicas de entre 15 y 20 años, que ahora son buscadas por la Policía.
 Días después, el pasado fin de semana, en Santa Cruz, un hombre asesinó a sangre fría a  tres niños. En un acto irracional que aún no ha sido del todo entendido por los afectados, el sujeto -aparentemente herido por una ruptura sentimental- se vengó de su enamorada asesinando a tiros a sus sobrinos y casi a los abuelos de los niños para luego quitarse la vida.
Son nada más dos ejemplos; dos formas de ilustrar una realidad que, al margen del plano anecdótico y de la (triste) crónica roja que captura fugazmente la atención de la sociedad, debiera llevarnos a una reflexión más profunda sobre qué tipo de descomposición o fractura social estamos viviendo para que hechos como los relatados sean parte ya permanente de nuestra cotidianidad.
Hace algunos días, a raíz de la victoria de Juan Orlando Hernández en Honduras -uno de los países más violentos de la región-, varios especialistas analizaron el devenir social de ese país, especialmente por la altísima criminalidad que lo afecta. Según los analistas, el uso de drogas, el abuso del alcohol y la descomposición familiar -ya que miles de jóvenes hondureños tienen familias desmembradas, especialmente por la migración a EEUU de sus padres y familiares- son causales de estos niveles altos y crudos de violencia.

En Santa Cruz hace poco se hacía un similar análisis cuando se hablaba de la presencia de pandillas. A ello se suma el dinero del narcotráfico y la ausencia total de valores de la educación... No es poco para iniciar un necesario debate.

Según los analistas, el uso de drogas, el abuso del alcohol y la descomposición familiar  son  causas para una violencia cada vez más feroz.

Confidencial

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