Atando cabos

Diálogo y conflictos

Rodolfo Eróstegui T.
lunes, 30 de diciembre de 2013 · 20:57
Es una historia comprobada que el diálogo social no sólo es un instrumento democrático de consulta y formulación de políticas económicas y sociales, sino que también es una herramienta que contribuye a la creación de una cultura de paz y respeto entre todos los actores sociales que componen una sociedad.
En nuestro país los principales dirigentes políticos, sindicales, cívicos, gremiales, indígenas, etcétera, se pronuncian por crear un clima de paz y de diálogo social. Sin embargo, al momento de implementarlo todos presentan sus objeciones.
Últimamente la Central Obrera Boliviana impugnó la presencia de la Confederación de Empresarios Privados en una mesa de diálogo promovida por el Ministerio de Trabajo.  Por ello, generalmente, presenciamos o participamos en conflictos sociales.
Esta situación llevó a Óscar Peña Franco a decir que "Bolivia es un país endémicamente conflictivo”.  El problema no es que haya mucho conflicto social, pues es una forma que tienen los actores sociales para dar a conocer sus pretensiones,  sino que éstos cada vez son más violentos. Veamos qué es lo acontecido en el año que terminamos:
Sobre la base de la información que da la Fundación Unir, podemos afirmar que -entre enero y noviembre de este año que termina- se sumaron 1.355 conflictos. Esto significa cuatro conflictos por día distribuidos entre marchas, bloqueos, huelgas, paros cívicos,  huelgas de hambre, protestas vecinales, etcétera.
Muchos de estos conflictos terminaron en grescas con la Policía. Los lugares más conflictivos fueron La Paz, Santa Cruz,  Potosí y Oruro. Los que menos conflictos tuvieron fueron los departamentos de Pando y Chuquisaca,  mientras que los departamentos de Beni, Cochabamba y  Tarija experimentaron conflictos pero no con mucha frecuencia.
Según el periódico digital del PIEB, la mayor parte de los conflictos se originó en medidas económicas (20%), por la promulgación de leyes (19%), por prestación de servicios públicos (13%), por gestiones administrativas  (8%).
Además por los incumplimientos a los convenios firmados con anticipación, así como a problemas ideológico-políticos, los aspectos laborales, seguridad ciudadana, acceso a vivienda, problemas por la tierra, cuestionamiento a alguna autoridad, que representaron entre un 2% y 5%.   
En el pasado, las fuerzas del orden generalmente arremetían con un exceso de dureza. El saldo de esta forma de gestión del conflicto fue: manifestantes y policías contusos. Pero en  2013 comenzamos a hablar de muertos y heridos. Esto nos permite afirmar que está creciendo la violencia en los conflictos.
Este año, en el mes de mayo, según la Fundación Unir, se contabilizaron  70 heridos y en el mes de octubre, en la localidad de Apolo, se tuvo que lamentar la muerte de cuatro policías, además de  29 heridos y 25 rehenes.
Por otro lado, ya experimentamos enfrentamientos entre actores sociales, ya vimos lo que está ocurriendo en Colquiri y otros centros mineros o los conflictos entre comunarios de Oruro y Potosí.
La violencia es como un cáncer terminal, una vez que se comienza a expandir no hay tratamiento que lo controle o detenga. Ejemplos en el mundo hay de sobra.
Hace algunos años, Miguel Fernández afirmaba que la negociación colectiva era un "consenso sin propuesta”. Esta frase la podemos utilizar ahora para caracterizar al diálogo social. Es menester comenzar a elaborar una propuesta de diálogo social que, por ahora, no existe para construir una sociedad más democrática y detener el crecimiento de la violencia social.
Por ahora tenemos buenas intenciones de todos los actores, pero éstos no saben cómo implementarla.

Rodolfo Eróstegui  T. es economista experto en temas laborales.

Es menester   comenzar a elaborar una propuesta de diálogo social  para construir una
sociedad más democrática

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