Mala prensa del feminismo y omnipresencia del machismo

Drina Ergueta
lunes, 30 de diciembre de 2013 · 20:51
Es habitual escuchar o ver a gente protestar por situaciones de violencia e injusticias contra las mujeres, que les subleve las muertes de esposas debido a los golpes de sus maridos; sin embargo, les da un no sé qué, un escozor incómodo, cuando esas protestas se relacionan con el feminismo. Se apresuran a aclarar que no son feministas. Es que el feminismo tiene mala prensa.
Es muy común también comparar al machismo con el feminismo, decir que son dos polos opuestos y a la vez similares por sus tendencias extremas. Es muy común escuchar decir a una persona que no se ubica ni en uno ni en otro bando, que se encuentra al centro, de una manera muy equilibrada. Error. Es vital saber y asumir que el feminismo busca (en términos generales) la igualdad entre ambos sexos, mientras que el machismo es un delito. Así de simple.
Tomando en cuenta lo anterior, llama la atención que haya pocas personas que se reclamen feministas y actúen como tal y que, al contrario, el machismo sea algo tan generalizado, difundido, reproducido y protegido socialmente en gran parte del mundo porque está integrado en las personas y normalizado en las costumbres.
Dentro del feminismo hay muchas tendencias y para resumir de un modo simple, por encima de las diferencias que existen y sin entrar en categorías teóricas, se podría decir que el feminismo lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en lo que se refiere a derechos, oportunidades y responsabilidades en espacios públicos y privados.
El machismo, por otra parte, como mínimo es discriminación y como tal ya es un delito. El machismo considera que la mujer es inferior al hombre, que tiene menos capacidades y por tanto menos derechos, que debe estar tutelada por un varón para ser alguien, para tener respeto.
Las expresiones del machismo ocupan todo el abanico de posibilidades en cuanto a su intensidad. El más extremo es el feminicidio porque mata sólo por el hecho de ser mujer, porque se cree que hay derecho a hacerlo, por castigo o porque sí.
El machismo también mutila, literalmente y metafóricamente; prohíbe e impide el acceso a espacios públicos, a la educación, a la propiedad, al ejercicio del liderazgo femenino. El machismo golpea y viola, y se excusa en los celos y el alcohol.
El patriarcado impide, en algunos lugares del mundo, que la mujer muestre su cuerpo incluido el rostro; mientras que en otros sitios lo exhibe y lo explota para su disfrute. El machismo se apropia del cuerpo de la mujer.
Están también los denominados "micromachismos” que se viven a diario y a todas horas, y que pasan desapercibidos: cuando el varón espera sentado a que la mujer le sirva en la mesa, cuando él dice que no entiende cómo funciona la lavadora, cuando se considera normal que él gane más que ella, cuando es ella la que deja de trabajar para cuidar a los hijos, cuando es él quien paga la cuenta y un sinfín de otros ejemplos.
El machismo siempre ha minimizado y ridiculizado al movimiento feminista y, pese a los logros en demandas sociales que reflejan las sociedades más avanzadas, aún es posible escuchar simplezas y reducciones sobre las feministas, en sentido de que son mujeres locas/histéricas y frustradas, que han tenido una mala experiencia -o que no han tenido ninguna- con algún hombre, que son feas y lesbianas contagiosas.   
Uno de los deberes de los medios es crear discursos y mensajes que modifiquen los esquemas mentales machistas y patriarcales.
Debe eliminarse la referencia conceptual que coloca al machismo y al feminismo como dos extremos negativos, donde el centro balanceado es lo correcto; al contrario, debe adoptarse una visión que refleje al machismo tal como es: un delito, profundamente discriminador, que lastima, mata y destruye. Esta visión, además, debe mostrar al feminismo como un fenómeno histórico positivo y constructivo para el conjunto de la sociedad.

Drina Ergueta es periodista.

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