Bajo la sombra del olivo

Chávez, ya se te extraña

Ilya Fortún
miércoles, 4 de diciembre de 2013 · 20:22
 Las noticias que llegan desde Venezuela ya no son muy divertidas para nadie. Hasta hace algunos meses las ocurrencias y las metidas de pata del presidente Nicolás Maduro podían causar algo de gracia, si se asumía la cosa con algo de benevolencia, considerando la aguda polarización política en el país del petróleo y el enfrentamiento a muerte que el Mandatario mantiene con algunos medios locales y con la prensa internacional más conservadora.
Podía pensarse que se estaba exacerbando con algo de mala leche los rasgos más débiles de Maduro, con la intención de minar la continuidad del discurso místico de Hugo Chávez.
 Debo admitir que, en lo personal, sospeché que las fuerzas opositoras al chavismo, dentro y fuera de Venezuela, querían forzar la imagen de un hombre medio bruto que había llegado al poder simplemente por obra y gracia del dedo de Chávez in artículo mortis. El discurso de la conspiración permanente del imperio y de sus fichas locales, hábilmente tejido y administrado por Chávez durante años, dejaba todavía espacio para la sospecha.
Lamentablemente, el presidente Maduro se ha encargado sistemáticamente de mostrar que no conoce sus propias limitaciones y que al imitar el ritmo desenfrenado de discursos y declaraciones de su predecesor, no hace otra cosa que cavar su propia tumba, siendo víctima de su propia boca. Los ejemplos de sus deslices y autosabotajes, en forma y fondo, son innumerables y sería ocioso y repetitivo enlistarlos en esta columna.
Pero nada serían los lapsus y las tonteras dichas, si la situación económica en Venezuela fuera otra. Finalmente, las quemadas mediáticas no pasarían de ser una suma de anécdotas si las dotes de estadista del caballero no estuvieran en cuestión. Y lo están: Venezuela, un país con el potencial de ser inmensamente rico, está sumida en un desbarajuste económico de proporciones bíblicas.
La inflación, el desabastecimiento, la falta de competitividad y el uso discrecional de recursos no hacen más que agravarse cada día, frente a una seguidilla de medidas pseudoideológicas que rayan ya en lo absurdo.
Bien haría el Gobierno venezolano en pedirle una devolución de favores al Gobierno boliviano bajo la modalidad de una asesoría económica, que podría llevar como título "Cómo gestionar un gobierno anticapitalista y antiimperialista manteniendo a rajatabla una macroeconomía liberal y capitalista”. Acá, esa fórmula ha dado resultados políticos estupendos, y el consejo de Chávez hubiera sido, sin duda, pedirle asesoramiento al alumno aventajado.
Pero claro, Chávez ya no está y no hay pajarito que nos pueda convencer de que la sagacidad, el instinto y la inteligencia son condiciones susceptibles al endoso post mortem.
Otra vez la realidad nos confirma que, para bien o para mal, los caudillos de marca mayor son irrepetibles e insustituibles, y que gobernar bajo la sombra y el peso de una figura mítica sin una impronta propia es un grave error.
Ésa ha sido la elección de Maduro (o probablemente no tenía otra opción) y le está yendo como la mona. Una lástima para Venezuela y, por qué no decirlo, para todo el continente.
Lo de Chávez fue otra cosa y, no por nada, consiguió ejercer un liderazgo político regional más claro que el de Lula da Silva. Detrás de su irascible elocuencia y rimbombancia, destacaba una tremenda lucidez e inteligencia política, y eso hoy se extraña más que nunca.

Ilya Fortún es comunicador social.

Detrás de su  irascible elocuencia y rimbombancia, destacaba una tremenda lucidez e inteligencia política, y eso hoy se extraña más que nunca.

 

 


   

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