Hablando de energía

La mediterraneidad del gas boliviano

Carlos Miranda Pacheco
jueves, 5 de diciembre de 2013 · 20:57
 En el siglo pasado, a medida que se acercaba el actual, se endilgaba a los hidrocarburos la mayor parte de la culpa en el calentamiento del planeta. Al mismo tiempo también  se estableció que entre los combustibles fósiles  el gas natural era el menor de los males.
Como los hidrocarburos eran y son los principales energéticos, las señas estaban claras: el uso del gas iría en aumento. Razón por la cual calificamos al gas natural como el combustible fósil del siglo XXI.
La naturaleza y la tecnología se han encargado de hacer que ese calificativo se convierta en una realidad viviente. Cada día se consume más gas natural y también se descubren reservas que sobrepasan lo consumido.  
El aumento de consumo se ha reflejado en una ola creciente de construcción de gasoductos que conectan zonas productoras con los centros de consumo. Así tenemos un gigantesco sistema de gasoductos rusos, en funcionamiento, abasteciendo a Europa por el Norte.
Con el mismo fin también se ha iniciado la construcción de otro sistema que, saliendo de Rusia, atraviesa los Balcanes para abastecer Europa por el sureste.
Estados Unidos cuenta con una red extensa de gasoductos conectando campos productores con grandes consumidores y millones de pequeños usuarios.
El extremo oriente se está gasificando con gasoductos en China, India y Pakistán.
Nuestros gasoductos a Brasil y la Argentina están inscritos en esa tónica.
Ese aumento de consumo ha promovido mayor uso de gas liquificado, LNG.
La búsqueda mundial de gas ha ubicado grandes reservas en regiones remotas. Plantas flotantes de LNG en diseño o construcción solucionarán ese problema.
La navegación durante todo el año por el mar Ártico es un hecho. Tanqueros rusos con petróleo están surcando esas aguas ante la gran oposición de organizaciones ambientalistas que temen accidentes marítimos que ocasionarían polución con efectos dañinos incalculables en el frágil equilibrio ecológico del Ártico.
Esas objeciones no alcanzan a los barcos metaneros. Hasta la fecha no han ocurrido, y si sucedieran, la contaminación sería definitivamente menor que con petróleo. El petróleo se queda en el agua, el LNG se evapora.
Por otro lado, los desarrollos tecnológicos permiten extraer gas de lutitas impregnados de hidrocarburos (shale gas). Se tienen grandes formaciones impregnadas ampliando las reservas de gas a más de un siglo de utilización.
La última y más importante noticia: las autoridades panameñas han dado a conocer que el canal ampliado y remozado admitirá, a partir del 2015, el tránsito de barcos metaneros, lo que antes no era posible.  
Se anticipa un fuerte tráfico de esos navíos. Así el gas como LNG  podrá circular por todo el mundo con un costo de transporte reducido.
El gas ha logrado carta mundial de ciudadanía. La primera muestra es el aviso de Gazprom de proveer 15 embarques de LNG a la Argentina el 2014.
¿Y nosotros? El país exportador más antiguo y con las mayores exportaciones de gas de América Latina, ¿qué está haciendo? Frente a la actividad mundial casi febril en la búsqueda de reservas, producción y comercialización por ducto, o como LNG, era de esperarse que Bolivia fuera una parte importante de ese acontecer, pero para decepción suya y mía, estimado lector, ésa no es la situación nacional.
La excesiva politización de la industria ha logrado que los que dirigen esa actividad ignoren el acontecer mundial: se ha iniciado la exploración para reemplazar las reservas heredadas y utilizadas, pero esto ha sido con  retraso.
Lo más grave sucedió durante Octubre negro de 2003. En el afán político derrocar al gobierno se utilizó el gas como un ariete, llegando a destruir un gran proyecto de LNG que significaba salir de nuestra mediterraneidad y tener al mundo, no sólo Argentina y Brasil, como mercados del LNG.
¡Maravilla de maravillas! Vamos a gastar más de 100 millones de dólares para construir una nanoindustria de LNG para abastecer nanomercados en casi 30 poblaciones que requieren otro tanto de nanoestaciones de consumo de LNG o gas.

Carlos Miranda Pacheco es

ingeniero y analista energético.

 La excesiva   politización de la industria ha logrado que los que dirigen esa actividad gasífera ignoren el acontecer mundial.

 

 

 


   

60
1

Comentarios

Otras Noticias