El gesto más antifemenino que uno puede imaginar

Ana María Alípaz de Fernández
viernes, 06 de diciembre de 2013 · 20:51
Sabemos que la vida supone la intervención de dos progenitores, aunque la protección de ésta en su etapa inicial quede supeditada a la mujer en el espacio de su cuerpo. Al quedar embarazada, la mujer enfoca todo su ser a la supervivencia del concebido. Es la obstinación ingeniosa de la naturaleza que protege esta vida, que comienza en la seguridad del claustro materno.
La mujer sabe que lo que ha concebido NO es parte de su cuerpo y esto, precisamente, es el motivo de la angustia: la certeza de que el hijo que ha engendrado tendrá que salir del útero vivo a los nueve meses de gestación o ser extraído a pedazos si decide "interrumpir” el embarazo antes de tiempo. ¡Ésta es la disyuntiva que la mujer enfrenta ante la realidad de un embarazo no deseado!
Es cierto que la mujer debe gozar de autonomía y libertad cuando se trata de elegir ser o no ser madre; la maternidad no puede ser forzosa, sino consciente y amorosamente asumida, pero una vez iniciado el embarazo la maternidad no es elección, sino consecuencia, resultado de un proceso… ley de vida impostergable de la que no podemos minimizar sus efectos. La mujer embarazada ya es madre independientemente del deseo de haber o no concebido.
La libertad de autodeterminación y la soberanía creativa, a la que las mujeres tenemos pleno derecho, no debe confundirse con la tendencia nihilista de disponer de la libertad de otros, arrogándose el derecho de definir con pretensiones sociales y pseudo-científicas los límites de la libertad de existir. Los derechos humanos se basan en el principio de integralidad, el que impide que por ejercer un derecho humano, como es la autonomía reproductiva, se prive de la vida a otro ser humano.
En todos los países y en diferentes y variados foros en que se discute sobre esta problemática existe al menos una convicción compartida entre quienes están a favor y quienes estamos en contra de la despenalización del aborto, y es que ¡ninguna mujer quiere abortar!
Las mujeres que recurren al aborto lo hacen bajo una fuerte presión psicológica al tener que enfrentar una maternidad para la que no se sienten preparadas, por no contar con la edad, el acompañamiento emocional o el soporte económico para llevarla felizmente a término. Ante esta problemática, el padre biológico suele estar ausente, dejando a la mujer sola ante "su” problema.
La despenalización del aborto no es la solución de un problema, sino el comienzo de otros. Y ésta es la primera falacia, presentar al aborto como un asunto de salud pública, sin considerar la problemática social de ignorancia, violencia, injusticia social, abuso sexual o abandono que las mujeres enfrentan dentro de su contexto sociocultural.
Nos preocupa la distorsión de cifras foráneas e intencionadas sobre la mortalidad materna, cuando el factor crucial para su reducción está en el mejoramiento del sistema general de salud y no en la legalización del aborto.
Nos preocupa que se exima de su responsabilidad al varón, fomentando la irresponsabilidad del padre con complicidad del Estado. El aborto es la salida fácil, ignorando los problemas de fondo. El aborto elimina el efecto pero no sus causas.
Nos preocupa el caso de las menores de edad embarazadas, el abuso sexual, violencia doméstica etcétera.
Nos preocupa que se viole el derecho a información veraz, oportuna y completa sobre la realidad y consecuencias del aborto, manejando verdades a medias, cuando se sabe que es el comienzo de una pesadilla científicamente identificada como síndrome postaborto que dura años.
Nos preocupa que mujeres recurran al aborto por falta de medios económicos; es inconcebible combatir la pobreza eliminando a los pobres.
Nos preocupa que no se ofrezca a las mujeres otras alternativas, caminos esperanzadores, que se ayude a la mujer de manera compasiva y solidaria con leyes que garanticen la tutela de la vida humana con la madre, no contra la madre. Que no se ofrezcan alternativas para quienes no quieren quedarse con sus hijos.
Si ninguna mujer quiere abortar, ¿a quién le interesa introducir esta práctica como parte del acervo cultural de nuestra sociedad? ¿Por qué se empeñan tanto algunas ONG en promover prácticas anticonceptivas?
El aborto convertido en bandera feminista de libertad y derecho de autodeterminación se ensaña contra las mujeres haciendo de ellas sus primeras víctimas, haciéndose genéticamente despótico. Actúa con desprecio contra los más débiles y en otras latitudes elimina la vida de millones de niñas.
La batalla contra el aborto, contra el gesto más antifemenino que uno pueda imaginar, es la batalla sobre el futuro de la humanidad, no se trata de una contienda sobre valores morales o religiosos, sino sobre el amor y la paz contra la lógica de la muerte.
Venceremos la batalla si conseguimos elegir la vida, es decir, poner a la mujer en situación de ser libre de no abortar.

Ana María Alípaz de Fernández

 es abogada

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