Tinku verbal

Oscurantismo en la educación boliviana

Andrés Gómez Vela
sábado, 7 de diciembre de 2013 · 20:30
Sin los valores el mundo sería poco habitable para convivir. No son simples conceptos o meras palabras, sino acondicionadores de la vida. Igualdad, libertad, humanidad, comunicación, respeto, justicia son valores que nos conducen a convivir bien con la otra persona. Es esencial cultivarlos primero en casa y luego en todos los espacios de socialización o de formación.
Una persona expresa sus valores en cada acción o palabra. Por ejemplo, cuando dice: "Mi hijito está postulando a un cargo o beca, ¿conoces a alguien para que lo meta? Necesito una muñequeadita (favor ilegal y antiético)”, en realidad está pidiendo ignorar la igualdad de oportunidades y armando la trampa; está haciendo apología de la ventaja antiética en desmedro del honesto o del huérfano de toda "muñeca”. No piensa en el otro, sólo en él y quiere que los más ineptos, entre ellos su hijo, sean parte de una institución pública a donde deben ingresar con méritos propios los mejores.
Aquel que acepta "muñequear” es tan tramposo como el que se lo pide porque perjudica a personas más capaces, éticas e íntegras y favorece a un deshonesto e inútil, quien a la larga perjudicará no sólo a la institución a donde ingresó por la puerta de atrás, sino al país y, obviamente, a vos porque te puedes topar en cualquier circunstancia con ese ser mentiroso que engatusó para ser lo que no debía ser nunca. Y si llegara ese momento, te arrepentirás porque no te atenderá bien ni resolverá tu problema porque él o ella será el problema y vivirá engañando al Estado y a la sociedad.
Algo peor sucede cuando circula esta charla: "Esa señora era la mejor estudiante de mi curso en la universidad, es una gran profesional, pero no consigue trabajo hasta hoy; en cambio, aquella acabó la carrera en 15 años y ahora tiene empleo en el Estado”.  ¿Por qué esa injusticia? "Aquella tiene dos títulos universitarios, dos maestrías, pero ésta tiene un salvoconducto”. ¿Cómo? ¿Qué es eso? "El aval o carnet del partido de turno”.
Esta vez se produce el desprecio a la libertad de elegir una opción política y tener la misma oportunidad para acceder a un cargo. Castigan la libertad de pensar y premian la incapacidad, la desidia, el "llunk’erío”, la inconsecuencia. Traduciendo los efectos, bloquean la excelencia y dejan el Estado en manos de la gente menos apta. Entonces, hay víctimas múltiples, tú, tu familia, tus vecinos, que quedan a merced de un ser cuyo único mérito es defender a su jefe y a su partido antes que a la sociedad y al Estado.
Este tipo de personas, generalmente, asisten a su fuente laboral para servir a sus "progenitores políticos” y luego servirse ellas mismas del Estado. Tejen redes familiares, promueven el nepotismo, las camarillas y olvidan que son empleadas de vos, que les pagas puntualmente el salario pese al mal trabajo que hacen.  
Se caracterizan por callar la corrupción que vieron o comparten el botín o, simplemente, encubren para evitar que caiga su jefe o el partido, y aceptan que te metan la mano en el bolsillo y te roben nuestro dinero a través de sobreprecios, comisiones, coimas, malversaciones.
Esta gente (no sé si será mucha o poca) cree que el Estado es suyo y, entonces, usa nuestros bienes, nuestras vagonetas para ir a comer a un restaurante con su novia, utiliza nuestras camionetas para ir al supermercado, usa nuestros aviones para ir a jugar un intrascendente partido de fútbol o transportar a un equipo de esposas voleibolistas. Casi siempre se embolsillan nuestro dinero en nombre de la revolución y la liberación.
Sin embargo, no pierdo la esperanza de que algún día sólo las personas excelentes sean empleadas o empleados, servidores o funcionarios públicos. Por hoy hay excepciones, entre ellos mi vecino, Antonio, que trabaja sin importarle el partido sino el país. Ese día se cambiará esta frase: "Si quieres el cargo debes tener el aval del partido”; por esta otra: "Si quieres el cargo debes tener el aval de la sociedad porque es ella la que te paga y para ello debes ser el mejor y muy honesto”.
    
Andrés Gómez es periodista.

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