Ventana al mundo

Pasaron 150 años del discurso de Gettysburg

Agustín Saavedra Weise
domingo, 08 de diciembre de 2013 · 19:53
La Guerra de Secesión de los Estados Unidos se inició en 1861, cuando los estados esclavistas del sur procuraron su independencia. El cruel conflicto culminó en 1865 con el triunfo de la Unión.
Tras sus primeros éxitos militares, el gran estratega sureño y comandante del Ejército de Virginia,  general Robert Lee, invadió territorio norteño. Lee intentó propinarle al Ejército unionista -en su propia área de influencia- un golpe letal que ponga fin a la contienda y deje a la flamante Confederación seguir su camino.
Estuvo a punto de conseguirlo, pero no fue así.
La batalla se libró entre el 1 y el 3 de julio de 1863, en los alrededores de la ciudad de Gettysburg, Pennsylvania. El combate produjo la mayor cantidad de víctimas de toda la guerra: fallecieron más de 50.00 soldados de ambos bandos.
Luego de algunos desastres iniciales, el Ejército del Potomac, al mando de George Meade,  finalmente logró contrarrestar los vigorosos ataques de Lee. Éste, al ver que la lucha estaba perdida, se retiró ordenadamente con sus tropas y retornó al sur.
Aunque la guerra duró hasta 1865, una organización civil del lado unionista  decidió realizar el 19 de noviembre de 1863 un acto especial en el campo de batalla para honrar a los caídos en el fratricida encuentro. El orador principal era Edward Everett,  un señor famoso por su elocuencia en ese entonces.
Al presidente de la Unión, Abraham Lincoln, se le pidió que  solamente pronuncie una breve alocución protocolar para concluir la ceremonia. Everett habló casi tres largas horas, hoy nadie se acuerda de lo que dijo; Lincoln  habló solamente dos minutos, pero sus palabras quedaron grabadas en la historia para siempre.
Esto fue lo que expresó el Presidente de los Estados Unidos en ese histórico 19 de noviembre de 1863: "Ochenta y siete años ha, nuestros padres dieron a la luz en esta tierra una nueva nación, concebida en la libertad, y dedicada a la proposición de que todos los hombres son creados en igualdad. Hoy estamos comprometidos en una gran guerra civil, probando si nuestra nación, o si cualquier otra nación así concebida y a tal fin dedicada, puede subsistir por largo tiempo. Nos hemos reunido en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una porción de ese campo como postrer lugar de descanso para quienes dieron  aquí sus vidas a fin de que la nación viviera.
 Es del todo  adecuado y correcto que hiciéramos esto. Pero, en más amplio sentido, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar esta tierra. Los esforzados hombres que aquí bregaron la han consagrado ya muy encima de nuestra pobre facultad de agregar o sustraer. Poco reparará el mundo ni recordará por largo tiempo, lo que  decimos nosotros aquí, pero no podrá olvidar  jamás cuánto ellos hicieron. Es deber de nosotros los vivos, dedicarnos al inconcluso trabajo que aquellos que aquí  lucharon tan hidalgamente, así han adelantado. Es nuestro deber estar dedicados a la enorme tarea que queda  frente a nosotros, para que  tomemos de estos muertos honrados, creciente devoción a la causa por la que ellos hicieron el postrero y máximo esfuerzo, porque resolvamos solemnemente que ellos no han dado su vida en vano, porque esta nación, protegida de Dios, tenga nuevo nacimiento de libertad, y para que el gobierno del pueblo, por el pueblo y  para el pueblo, no perezca en la Tierra”.
Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.
Vaya este recordatorio de los 150 años de un inmortal discurso para quienes creen que cuanto más tiempo se habla, mejor. La historia nos señala que es exactamente al revés…

Agustín Saavedra Weise fue canciller, es economista y politólogo - www.agustinsaavedraweise.com

Lincoln habló   solamente dos minutos, pero sus palabras quedaron grabadas en la historia para siempre.


Valorar noticia

Comentarios

Otras Noticias