Editorial

La crisis de la economía venezolana

Para capear la crisis, lo que el presidente Nicolás Maduro y su Gobierno están haciendo es lo contrario de lo que se necesita. Por ejemplo, “acusar” a Capriles de homosexual
martes, 10 de septiembre de 2013 · 21:38
Venezuela sigue sufriendo, de manera más directa ya, los 15 años de políticas nacionalistas y estatistas que han implementado sus autoridades y que son un legado del fallecido expresidente Hugo Chávez. Ello se refleja en una inflación anualizada del 45,4%, un crecimiento previsto para este año de 1,6% (el más bajo de la región, frente a un promedio regional de entre 3% y 4%), un índice de escasez que ha vuelto a subir a 20 puntos (escasean 20 de 100 productos de primera necesidad), y un dólar paralelo que cuesta seis veces más que el oficial.
Pese a sus grandes ingresos por la exportación de petróleo, o quizás debido a ellos, la economía está estancada, la industria cae respecto a otras áreas y el desempleo se mantiene alto, cerca de 8%. Si a ello se suma la elevada inseguridad ciudadana (Caracas es una de las ciudades con mayor índice de crimen del mundo), la situación no es nada halagadora para nuestros vecinos venezolanos. A ello se suman los constantes apagones, uno especialmente fuerte ocurrido hace poco que dejó sin energía a 19 de los 23 estados del país.
Las autoridades no han sabido cómo enfrentar estos problemas porque persisten en apostar por medidas estatistas, control de precios, fijación del dólar, etcétera. Son políticas que en general han fracasado donde han sido impuestas. En el caso específico de Venezuela, el modelo ha inhibido a las inversiones y, por lo tanto, la economía se paraliza.
El apagón se debió justamente a que la empresa estatal no tiene recursos frescos para invertir y, por tanto, no amplía sus operaciones al ritmo necesario.
Mientras tanto, para capear la crisis, lo que el presidente Nicolás Maduro y su Gobierno están haciendo es lo contrario de lo que se necesita. En vez de las acciones inteligentes y delicadas que se deben tomar, las autoridades han dado rienda suelta a su campaña de acusaciones contra sus adversarios. Entre otras, decir que el apagón fue obra de sabotaje y afirmar que el principal líder opositor, Henrique Capriles, es homosexual.
En vez del lenguaje homofóbico y de las acusaciones absurdas contra la oposición, lo que el Gobierno debe hacer es, y pronto, realizar las reformas económicas necesarias para detener la inflación, aumentar la producción de alimentos, bajar las importaciones y, de manera general, diversificar la economía, dependiente del petróleo más que nunca antes en su historia. Hacerlo significaría desandar lo actuado desde 1999, cuando llegó Chávez al poder, e implicaría admitir que ese camino era el equivocado. Por eso el Gobierno venezolano no lo hace. Pero la situación se agrava cada día que pasa.

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