Desde la acera de enfrente - María Galindo

Junt‘uchas

Desde la acera de enfrente María Galindo
martes, 10 de septiembre de 2013 · 20:37
Puedo creer que el Movimiento Sin Miedo haga alianzas pragmáticas sin contenido ideológico porque ésa ha sido la lógica de su trabajo a lo largo de toda su vida política.
Puedo creer que Samuel Doria Medina se compre todo tipo y ralea de dirigentes populares, porque parece ser que ante su dinero nadie se ha resistido, y él no deja de comprar gente que le sirva para maquillar su inocultable propuesta neoliberal.
Puedo creer que al interior del bloque cívico cruceño se den todo tipo de rivalidades que reconfiguren las alianzas en todos los sentidos, incluido, por supuesto, el Movimiento Al Socialismo.
Puedo creer que los dirigentes indígenas que marcharon en defensa del TIPNIS hoy estén buscando una alianza política anti evista que los recoloque en la Asamblea Plurinacional, porque también ellos trabajaron desde la propia marcha con un criterio utilitario de su lucha, sacrificando la credibilidad de su grito amazónico.
Pero lo que me perturba -lo que no es rutinario en este estado de la política partidaria, donde la impostura es moneda de cambio de cada día- y lo único que me mueve a escribir estas líneas es ver a  Loyola Guzmán en medio de ese circular de ausencia ideológica y de pragmatismo. Me perturba ver su historia política colocada como trofeo de Samuel Doria Medina. Me evoca el gesto final de Juan Lechín recibiendo el premio a la democracia de manos de Hugo Banzer Suárez. Me evoca esos actos finales que desdicen una vida entera de lucha y, por supuesto, que verla así y ahí no sólo me duele, sino que me pudre el alma.  
El gran mensaje de este gesto es: todo tiene precio y más mueve el odio que los sueños. Puede que Loyola gane un curul en la próxima Asamblea, pero con este acto ya ha perdido todo, porque ha perdido su ser mismo.
La única constituyente que se negó a sesionar en un cuartel, la que denunció que la Constitución se aprobó sin discusión, sin consenso y manoseando todo el proceso, abandonó sus zapatos viejos y su bolsa de mercado vacía. Se quitó el abrigo gastado para ponerse el del empresario, se fue de su lugar movida por ese otro motor que se llama odio. Su firma sirve para escribir una página más de inconsecuencia en la larga lista que otrora escribió el MIR con Banzer y Víctor Hugo Cárdenas con Goni.
No quiero juzgarla, pero menos todavía quiero recibir ninguna explicación absurda de lo que no tiene explicación, me niego a escucharla cuando venga a decirme que éso es hacer política y que nosotras estamos perdiendo el tiempo.
Samuel Doria Medina no sólo se ha comprado un trofeo, sino, además, un escudo, porque Loyola se convertirá en el blanco de las críticas, desplazándolas de Samuel Doria Medina, que sonreirá mientras las flechas le vayan desfigurando el rostro a su "aliada”.
Evo Morales y Álvaro García Linera, que hoy están cumpliendo la agenda de la derecha (a través de una ley de bancos suave, de la pausa en el saneamiento de tierras, de todo tipo de subvenciones a la Cainco, de la penalización del aborto, de la certificación de todas las universidades privadas, del prebendalismo en la Policía y el Ejército, y a través de la destrucción sistemática de las organizaciones sociales y de todos los liderazgos) y  que han  traicionado el proceso, del que no son constructores sino beneficiarios, usarán el gesto de Loyola para tapar su inconsecuencia, y el viejo abrigo de "la loyo” servirá de bandera contra ella misma.
Quiero escribir, pero me sale espuma. Escribiría Pedro Shimose, pero no vale la pena nombrarlo, porque él también recibió mansamente el premio de cultura de manos de Banzer
En este desfile de impostura, odio y división, intuyo que el mayor bien es tener fuerza, ideas y alegrías para seguir jodiendo. Intuyo que la capacidad de inventar un graffiti en cada paso es la única forma de vengarse de todas y cada una de estas traiciones: la de "la loyo” por desesperación, la de Evo por ambición y la de Álvaro por egocentrismo.
Intuyo que saber caminar solas y saber vender tortas, api y empanadas sazonadas de esperanza, saber traducir la rabia en atrevimiento, no sólo es la mejor política posible, sino la única.
Locas del mundo no desesperen.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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