Editorial

40 años del golpe militar en Chile

La presencia, hoy, de las ideas del pinochetismo en casi todas las esferas de la vida social chilena es la que causa las tensiones presentes.
jueves, 12 de septiembre de 2013 · 20:35
Aunque han pasado 40 años desde el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet en Chile, las heridas por ese hecho siguen abiertas en el vecino país. Ello se debe a la brutalidad del régimen pinochetista, que se inició el 11 de septiembre de 1973 y que provocó, según informes oficiales, 40.000 víctimas, 3.065 de ellas desaparecidas o asesinadas.
Pinochet llevó adelante una de las dictaduras más sanguinarias de la historia de Sudamérica, dando plena libertad de acción a agentes de inteligencia que torturaron, abusaron y mataron sin temer represalias.
Pero otro aspecto es también el que genera la división: el hecho de que el pinochetismo se haya reconvertido en fuerzas democráticas que, con matices, apoyan al Gobierno del presidente Sebastián Piñera. La presencia, hoy, de las ideas del pinochetismo en casi todas las esferas de la vida social chilena es la que causa las tensiones. No es una presencia mayoritaria,  pero existe.
La transición chilena entrañó, para lograr el paso a la vida democrática, hacer una especie de "borrón y cuenta nueva”. Los sancionados por los abusos y las violaciones a los derechos humanos han sido sólo un puñado. Pinochet mismo jamás fue enjuiciado, a diferencia de otros exdictadores de Bolivia y Argentina, por ejemplo.
Finalmente, la institucionalidad política chilena fue impuesta por Pinochet (y sigue vigente), lo mismo que el modelo económico. Ello no ha cambiado y ahora aumenta las tensiones en la sociedad. Con todo, hubo algunas cosas positivas: se puede afirmar que la economía chilena logró una modernización importante en las décadas del 70 y 80.
El hecho de que el país esté dividido se demuestra no sólo en las calles, con las manifestaciones registradas en recientes días, sino también en encuestas. Según una investigación del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), un 75% de la población chilena estima que aún "se mantienen las huellas dejadas por el régimen militar”.
La división se da también dentro de la coalición de derecha, en la que algunos políticos más moderados han pedido disculpas "por los hechos u omisiones” de esos años, generando ríspidos enfrentamientos con otros dirigentes. El propio presidente Piñera, que apoyó en su momento las políticas de Pinochet pero que votó por el "no” a su reelección en el plebiscito nacional de 1988, ha tenido posiciones más críticas con respecto al régimen militar.
En su discurso para abordar el tema, el Presidente reiteró los cuestionamientos que había hecho días antes al Poder Judicial y a los medios de prensa por no haber denunciado los excesos del régimen. También criticó los excesos y los abusos posteriores al golpe de Estado, pero insistió en que Salvador Allende, el presidente socialista fallecido el día del golpe, tiene parte de responsabilidad "por no haber respetado la ley”.
Las diferencias internas se registran paralelamente en la coalición de partidos de centro y centroizquierda, que lleva a la expresidenta Michelle Bachelet como candidata para los comicios nacionales de noviembre próximo. Camilo Escalona, dirigente socialista, pidió perdón por los excesos que pudo haber cometido en los meses previos al golpe, pero otros dirigentes de su sector, entre ellos el exmandatario Ricardo Lagos, criticaron a Escalona por esa declaración.
Como sea, Chile no ha logrado sacudirse de su pasado como sí lo han hecho, por ejemplo, España y Argentina, que también sufrieron gobiernos dictatoriales de derecha. Y no lo ha hecho por lo anotado líneas arriba: la estructura política y económica dejada por Pinochet sigue plenamente vigente.
Que el aniversario número 40 del golpe de Estado haya coincidido con la fase final de la campaña electoral de ese país ha sido conveniente para la candidatura de Bachelet, en desmedro de su más fuerte competidora (pero sin mayores chances), Evelyn Mathei. Bachelet seguramente será elegida y una de sus prioridades debería ser lograr que el país reconstruya, a través de una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, los consensos que Chile necesita.

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