Economía de papel

No sólo con OMA se frenan las presiones inflacionarias

Alberto Bonadona Cossío
viernes, 13 de septiembre de 2013 · 20:18
Oficialmente las autoridades monetarias aceptan que la meta del 4,8% de inflación esperada para  este año será superada. Para evitar las presiones que impulsan los precios al ascenso se aumenta ahora la oferta de bonos por el Banco Central para reducir el dinero en manos del público. Una política que ha mostrado su efectividad en el inmediato pasado y que forma parte de la política monetaria. No hace mucho, Bolivia no podía ejercer esa política por la simple razón de que se vivía en una economía dolarizada.
Sin embargo, no es la única forma de evitar estas presiones. También se puede recurrir a la política fiscal que favorezca el ahorro, primero, del propio aparato estatal y, segundo, de las personas. Para ello es necesario ejecutar acciones que aprovechen el auge y favorezcan guardar recursos rentablemente para cuando lleguen las vacas flacas, las cuales, sin duda, ya asomaron su deslucida cabeza en el horizonte.
Las economías actúan en ciclos de grandes o reducidas ondulaciones, pero siempre compuestos de auges y contracciones continuos. Las políticas económicas, para alcanzar la mayor estabilidad posible en este incesante vaivén, deben tratar de atenuar los grandes impulsos en el ascenso de la ola económica y frenar los efectos de los desplomes. Se afirma en los textos de economía que las políticas estatales (fiscal, monetaria, comercial, cambiaria, impositiva, financiera), por lo tanto, deben ser, en general, anticíclicas.
No es, claramente, lo que en Bolivia se ha hecho con la política fiscal; aquella que tiene que ver con los ingresos/egresos estatales y la administración de éstos. El superávit alcanzado por el Estado es más resultado del súbito incremento de sus ingresos, de  los impedimentos burocráticos que frenan su gasto y la ausencia de proyectos que los encaucen  productivamente. El Estado debe implantar políticas que aprovechen el auge para tener los recursos que escasearán en la caída.
Para este fin, es tiempo ya que se utilicen las Reservas Internacionales (RIN) en la formación de fondos de estabilización o fondos soberanos. Estos fondos generan una rentabilidad que podrá solventar gastos, particularmente de carácter social, sin necesidad de recurrir al capital o la cantidad de reservas utilizadas para generarlos.
No sólo se pueden utilizar las RIN, sino también los excedentes de dinero que los gobiernos subnacionales (incluidas las universidades) mantienen en caja y bancos sin obtener ganancia alguna. Existe una acumulada experiencia internacional en el manejo de este tipo de fondos que permite introducir en su administración medidas de seguridad, solvencia y garantía, que aseguren a los poseedores de los excedentes preservar el capital y recibir también la rentabilidad.
Con el mismo espíritu se deben preservar y acrecentar con mayor rentabilidad, lejos de la baja rentabilidad que ahora reciben, los fondos de pensiones que continúan en la administración de las AFP. Asimismo, con la debida calificación del riesgo, condición sine qua non, se puede financiar la expansión de las empresas públicas solventes, emitiendo bonos con tasas de interés que atraigan los fondos de pensiones. Éstas son operaciones que tienen la ventaja adicional de utilizar moneda nacional tanto para las colocaciones como para el pago de los intereses.
Las presiones inflacionarias se controlan también con el ahorro fiscal y el de las personas, particularmente los ahorros que exigen un largo plazo para su maduración, como es el caso de pensiones. La política fiscal debe ser rescatada del aturdimiento recaudador insaciable y de la omisión del uso financiero de recursos que se guardan sin rentabilidad real alguna.

Alberto Bonadona
es economista.

 

La política fiscal   debe ser rescatada del aturdimiento recaudador  y de la omisión del uso financiero de recursos que se guardan sin rentabilidad

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