En campaña por ser lo que no fui

Oscar Díaz Arnau
domingo, 15 de septiembre de 2013 · 20:57
En política, eres lo que los demás ven de ti, no lo que tú crees que eres. Así nomás es, aunque duela. Y a los políticos les duele doble por su esencia vanidosa, porque les cuesta reconocerse como lo que no son. Pero, qué pena, el político tendrá que entender que a veces no es lo que piensa sino lo que dicen de él o vivirá engañado toda su política vida.
Los políticos, especialmente los que han probado qué es ser gobierno, tienen un reto shakesperiano: ser o convencer que son o pueden ser lo que no han sido hasta ahora. Como ya están en campaña deben saber, de inicio, que la decepción marcará la pauta de las elecciones de 2014, que tendrán que lidiar con un electorado poco crédulo, más bien desconfiado.
Este es el panorama que yo veo, a un año de las elecciones. Si bien es cierto que el liderazgo construido en torno a la figura de Evo Morales le permite conservar cierto nicho electoral, el "cambio”, a más del maquillaje, se ha quedado en promesa. La inercia de una economía basada en el desempeño de las materias primas (commodities) en los mercados internacionales -entre otros factores como la circulación de remesas y de dinero del narcotráfico-, aunque ha engordado el colchón financiero, se complementó a la perfección con la ausencia de políticas dinamizadoras del aparato productivo. La ecuación no podía ser positiva: los índices de crecimiento de los recientes años fueron insuficientes para sacar al país de la pobreza y los bolivianos sin empleo se cuentan por miles. A ellos no se les puede pedir que sigan creyendo en el proceso de cambio.
Da la sensación de que el oficialismo se encuentra estancado en una lógica de "ya gané, no es necesario que haga nada raro,  porque mi victoria está asegurada”. Pero se equivoca. Semana tras semana los mismos funcionarios del Gobierno conspiran contra el objetivo de la re-reelección de Evo, cuyo liderazgo no encuentra todavía un contrapeso y las encuestas lo favorecen, pero los yerros son tantos y tan gruesos que muchos de los que votaron por el MAS, en el pasado, no quieren saber más nada de su palabra incumplida.
En el otro lado de la balanza, la diversificada y aparentemente desorientada oposición de estos años ha experimentado un leve repunte y amenaza con ir creciendo; es todavía pronto para saber si el ascenso será todo lo espectacular que se requiere para disputarle la presidencia a Morales. Los primeros conatos de articulación -su tabla de salvación- son un paso hacia adelante pensando en hacer frente a un aparato estatal que, como de costumbre, será utilizado incluso afectando la legalidad con tal de ganar a como dé lugar.
Con este paisaje, el político tiene un reto crucial: ser todo lo que la gente demanda de él y no lo que él cree que debe ser (bajo esta lógica, al menos los que pasaron por el Gobierno -de ahora y de antes- se aplazaron). La gran pregunta es: ¿El político puede ser lo que no ha sido hasta ahora? o sea ¿puede superarse a sí mismo?
Un ejemplo fácil y exagerado, para que se entienda: Si la ciudadanía está cansada de asistir al circo romano de la política, ¿el político podrá convencerla de que no reducirá su cerebro al primitivismo del ataque y el contraataque?
Con el cambio estamos todos; no con el "proceso de cambio” ni con este Gobierno, sino con la idea de que el país necesita un cambio real. Uno que rompa la idea extrema de que los bolivianos no podemos ser de un centro inteligente. Un cambio que haga magia y cambie el chip de los políticos y permita que confiemos en ellos como depositarios de nuestra confianza para que sean servidores y no vanidosos, y para colmo, incumplidos.

Óscar Díaz Arnau es periodista y escritor.

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