Editorial

Negligencia médica: una mirada completa

lunes, 16 de septiembre de 2013 · 22:20
La calidad de la atención en salud en el país ha ocupado varias veces el escenario del debate. A pesar de los esfuerzos e inversiones públicas para mejorar la cobertura y la calidad de la misma, la creciente demanda y las  limitaciones de personal, infraestructura y cobertura siguen afligiendo a  los  bolivianos.
En este escenario se han presentado constantes denuncias sobre mala praxis o negligencia médica y son dramáticas historias las que dan fe de las consecuencias que se suscitan de los "errores” de los profesionales en salud.
Recientemente, el Servicio Departamental de Salud (SEDES) informó que en la ciudad de La Paz existen 96 denuncias de negligencia médica que esperan ser investigadas y resueltas, mientras que solamente se cuenta con cinco médicos auditores  acreditados para esta tarea. Esto deriva, naturalmente, en un retraso en los procesos que motiva la queja y la desconfianza de los ciudadanos con la calidad de la atención médica.
Si bien es cierto que mejorar la calidad y calidez de la atención es tan urgente como elevar la infraestructura y el equipamiento médico con que cuentan los centros de salud del país -especialmente los de tercer nivel-, no se puede restar importancia a sancionar a los profesionales que por irresponsabilidad o negligencia ponen en riesgo la vida de sus pacientes. En muchos países del mundo existen sanciones muy duras -que incluyen la automática pérdida de la licencia de trabajo- a los médicos que cometen errores, incluso cuando éstos son involuntarios, de manera que es pertinente que nuestro país incorpore y ponga en práctica sanciones en este ámbito. Sin embargo, es preciso ver el tema en toda su complejidad y admitir que así como existen profesionales médicos "negligentes”, existe una cultura de la improvisación, tanto en la administración de los centros médicos y la política pública que los rige, como en las costumbres ciudadanas de salud.
Bolivia cuenta con un sistema de salud que está dividido en hospitales de primer, segundo y tercer nivel, cada uno encargado de determinados casos o niveles de complicación, por lo que una persona con una dolencia no puede acudir aleatoriamente a cualquiera de ellos, sino seguir un proceso -bastante burocrático, por cierto- que alarga el padecimiento, impide la oportuna y buena atención y "favorece” la presencia de errores o debilidades en este ámbito. A ello se suma la cantidad de casos que debe atender cada especialista y la poca cantidad de ellos en el país.

Todos estos temas deben ser analizados a tiempo de demandar mayor calidad a los médicos y exigirles mayor responsabilidad.

Se han presentado constantes denuncias sobre  negligencia médica y son dramáticas historias las que dan fe de las consecuencias  de estos "errores”.

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