Pluri-multi

Burguesías cholas y burguesías cunumis

Carlos Toranzo Roca
martes, 17 de septiembre de 2013 · 20:06
En la actualidad muchos sectores populares articulan su actividad económica entre lo rural y lo urbano, y desarrollan empresas con nuevas y viejas lógicas económicas.  Lo que sucede en las fronteras de lo urbano-rural no es solamente reciprocidad ni es únicamente capitalismo a secas, son más bien nuevas formas de adscripción y de dominio del mercado, pues si algo poseen en mente y en el corazón esos sectores populares, los más de ascendencia aymara, es el manejo excepcional del mercado, que dista mucho de las ideas incipientes del vivir bien, y que se colocan más bien en el horizonte del vivir mejor.
Modalidades distintas de qamiris han creado maneras específicas de acumulación, varias de ellas ligadas a múltiples formas de actividades comerciales y de transporte; muchas veces esos qamiris alcanzaron la estatura de élites económicas que no siempre fueron ni son visibilizadas por la sociología convencional.
En ocasiones generaron capitales comerciales de inmensa cuantía a los cuales se les ha prestado poca atención, o se los ha mirado únicamente cuando han demostrado poderío económico en los espacios urbanos de las ciudades capitales, pero sin observar las conexiones urbano-rurales de las cuales parten.
Estos fenómenos económicos, sociales, políticos y culturales permiten hablar con más insistencia de la presencia de nuevas burguesías cholas, burguesías cunumis, burguesías aymaras, empresarios emergentes, empresarios populares que han entrado a enriquecer los ámbitos empresariales del país.
Los nuevos emprendimientos han sido hechos a pulso, se trata de burgueses self made man, hechos por cuenta propia, sin que en décadas haya existido un proyecto estatal que los promocione. Sin embargo, en el presente, con el ingreso de Evo Morales al poder, pareciera haber ideas dispersas para promocionar un proyecto político y económico de nuevas burguesías populares, dentro de las cuales interesan aquellas que emergen de la conexión entre el campo y la ciudad. Este proyecto no es claro ni definido, pero, de tanto en tanto, algunas políticas públicas que van en contra de los sectores tradicionales del empresariado abren las puertas a nuevos empresarios, los más de ellos que conjugan su vida económica en la conexión entre lo formal, lo informal y lo ilícito.
El capitalismo boliviano, el patrón de desarrollo, consiste en un patrón primario exportador, ahora controlado dominantemente por el Estado, modelo de estatismo económico, pero con una adición: la intermediación comercial está manejada por una variedad de esas burguesías cholas, burguesías emergentes, empresariados aymaras o burguesías populares, todas de alma neoliberal.
El patrón de desarrollo presenta una paradoja: tiende a ser estatal en el control de la propiedad de los activos o de los flujos de la venta de materias primas, pero acompañado por un neoliberalismo popular que se encarga de la intermediación comercial. El desarrollo en Bolivia no se basa en la creación de valor agregado ni en la promoción de la industrialización, y la historia lo corrobora, pues los liberales del siglo XX, la Revolución de 1952, el neoliberalismo de los 80 y 90, o el MAS  desarrollaron el patrón primario exportador. Sólo la Revolución Nacional hizo un débil esfuerzo de industrialización, pero sobre una base primario exportadora que era el núcleo de su modelo económico.
Las nacionalizaciones de este sexenio han ampliado el Estado empresario, pero conviven con la inversión extranjera y, también, con una ampliación de la lógica de mercado y del neoliberalismo popular. La Constitución tiene un énfasis estatista, dirigido a reconstruir el Estado empresario, pero es muy difícil hablar de la existencia de un modelo económico posneoliberal. No hay un nuevo paradigma frente a la economía de mercado, no obstante, lo que sí existen son elementos de la construcción del denominado capitalismo de "camarilla”, por el control burocrático del excedente, junto a una fuerte informalización de la economía que sigue al pie de la letra la lógica de mercado. Lo posneoliberal no es socialismo del siglo XXI, sino nacionalismo de camarilla del siglo XXI, con una mayor institucionalización de lo informal, en la cual se desarrollan con mucha agilidad todas las burguesías cholas y cunumis.

Carlos Toranzo es economista.

Confidencial

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