Entre ceja y ceja

La peor consejera

Ricardo Paz Ballivián
martes, 17 de septiembre de 2013 · 20:08
La soberbia es sin duda la peor consejera de los políticos. Ni la estupidez o la maldad causan un daño comparable ni enajenan tanto. Lamentablemente, la soberbia es moneda de uso corriente en la política; en la nuestra, doméstica y también en la de cualquier otra latitud del planeta. Un breve repaso por la historia nos convencerá que la mayoría de las guerras y de los más grandes desatinos que cometieron los dirigentes tuvo su origen en sus superegos.
En estos días, el mundo se halla nuevamente a las puertas de una guerra. Estados Unidos nos ha anunciado, por boca del presidente Obama, que atacará Siria en caso de que este país no destruya en un plazo perentorio su arsenal de armas químicas. En realidad, estuvo a punto de atacar, pero Rusia propuso el último minuto la salida de la destrucción del arsenal y, de esta manera, se "ganaron” unas semanas de paz. Siria, gobernada por una dictadura sangrienta y feroz como pocas, respondió que podría considerar la destrucción de su arsenal de armas químicas siempre y cuando cesen las amenazas previamente y  le den la seguridad de que no será atacada luego.
Estamos pues, nuevamente, ante un torneo de egos hiperdesarrollados, mientras que la suerte de millones de inocentes pende de un hilo. Bashar al Asad, el actual dictador sirio, estaba "destinado” a regir su país, puesto que su padre Hafez al Asad, quien gobernó durante 30 años, así lo había decidido desde que tomó el poder en 1970, mediante un golpe de Estado. Bashar realmente se cree un predestinado y, como antes Hussein, Gadafi o Mubarack, nos informó que prefiere morir resistiendo al imperio antes que abandonar el cargo. Ese "capricho”  ha costado más de 100 mil muertos, millones de refugiados y si se concreta el ataque norteamericano esas cifras se multiplicarán hasta el horror inimaginable.
Al otro lado está el presidente estadounidense, Barack  Obama,  quien con el mismo estilo y "naturalidad” de sus antecesores hace gala de una soberbia sin límites. Por alguna extraña razón, los norteamericanos creen que su destino manifiesto es el de "dirigir” el mundo y evitar los abusos y los excesos de la periferia "bárbara”. Resulta que ese rol de "jueces” y "gendarmes” del planeta es algo "irrenunciable” y que desempeñan con "resignación y valentía”. La soberbia los ciega y les impide ver que sus amenazas e intervenciones lo único que logran es legitimar al dictador, darle más alas y argumentos para mostrarse como un pobre país agredido por el imperialismo.  
En el medio el "neo Zar”, Vladimir Putin, considera que su papel es de poner "orden y concierto”, independientemente de que con esa actitud de "mediador” lo que hace es posicionar al dictador Al Azad a la misma altura moral del resto de los dirigentes mundiales. Esto le da al déspota un juego de cintura muy amplio, en especial en el mundo árabe y alarga su permanencia en el poder.
Naciones Unidas por su parte aparece sin iniciativa e incapaz de lidiar con la soberbia de los dirigentes mundiales. Se limita a dar su beneplácito a iniciativas y acuerdos que se producen lejos de sus oficinas y que le permitan algún tipo de visibilidad. La demostración clara estuvo en que fue Rusia, y no el Consejo de Seguridad, quién evitó la segura intervención norteamericana hace algunos días.
Es criminal e injustificable la soberbia de Bashar al Azad, que en un extremo demencial lo lleva a utilizar armas químicas (como hiciera Sadam con los kurdos)  contra  los disidentes a su régimen. Pero la solución no es una intervención norteamericana que sume miles de muertos más a las víctimas de ese holocausto. Igual de condenable es la actitud de Putin, al que sólo parece interesarle su pulseta particular con EEUU y no la tragedia de los sirios. En medio de ese drama espantoso se olvida hasta lo elemental. Resulta ahora que si Siria acepta destruir su arsenal de armas químicas, la masacre puede continuar por otros medios. ¿No puede el mundo, a través de Naciones Unidas, poner coto a este espanto? ¿No puede el mundo obligar a dimitir a un dictador a cambio de miles de vidas de seres humanos?

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

  ¿No puede el mundo, a través de ONU, poner coto a este espanto? ¿No puede el mundo obligar a dimitir a un dictador?

Confidencial

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