¡Gracias Eduardo Galeano!

Eduardo Mendizábal Salinas
jueves, 19 de septiembre de 2013 · 21:41
Montevideo, Uruguay, hace frío y son las tres de la tarde de un comprometido martes invernal. Me es duro caminar sobre la Rambla de Montevideo pensando que tendría que andar otros 22 km -su extensión calculada-; más aún recordando que en la víspera de aquel 3 de septiembre un exceso de vinos y deliciosos mariscos en el tradicional Radisson Montevideo Plaza Victoria Hotel ahondarían mi problema con la gota, causante de mi indisimulable levantamiento de rodilla al andar (salvo un aliviador desinflamante).
El taxi, cuyo conductor supuso que era socio de Chapo Guzmán, al pasarme la cuenta, se aleja y sólo me resta observar la belleza de playa Ramírez, creyendo que me encontraba en el Malecón habanero y sus seis carriles y un larguísimo muro que se extiende sobre toda la costa norte de la capital cubana, a lo largo de ocho kilómetros. Sin embargo, la realidad me dice que no es La Habana y mi nostalgia por aquella capital me devuelve e incrusta en la bella Montevideo, porque cuando la llovizna se hace aguda, escucho una voz que me emociona y devuelve a la realidad al oír y observar la figura única de un amigo –de los que no lo son, pero se conoce y conquista en un encuentro casual e inesperado- que, con una boina y una gris chaqueta que ese día abraza sus 73 años de vida, exclama -vuelvo a repetir, el pasado 3 de septiembre de 2013-: "¿¡Mendizábal, ¿a quién esperás?!”. Respondo: "A mi compañero de asiento en el vuelo que nos llevó a Madrid y a quien le pedí vernos en Montevideo para darle un abrazo si no le era molestia el día de su cumpleaños”.
Y es que semanas atrás, un 15 de agosto, cuando un viaje llevaba a  Eduardo Germán María Hughes Galeano, conocido como Eduardo Galeano, a Madrid, para recibir un nuevo galardón, compartimos la fila del vuelo 915 de Air France. Allí dialogamos y sólo le pedí la oportunidad de un reencuentro. Me miró y me dijo que sea el 3 de septiembre en Montevideo. Le conté quién era, de dónde venía y a dónde iba y con muchas entrevistas trascendentales me motivaba a pedirle un diálogo.
El  escritor que comenzó su carrera de periodista a inicios de 1960 como editor de Marcha (un semanario influyente que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado, Denis y Roberto Fernández Retamar) y editó durante dos años el diario Época, no dudó en responder, por supuesto, que sí. "Si me contaste que entrevistaste a Mario Vargas Llosa, Isabel Allende y al pibe Mark  Zuckerberg -que no es santo de mi devoción- y mi amigo Quino, cómo no venir a charlar con vos, pero no para que me entrevistes, sino para contarte algo, en realidad para decirte algunas frases que espero las valores”.
Con voz sólida agregó que el premio que le fue entregado en Bolivia por la Universidad Andina Simón Bolívar de Sucre, en julio pasado, era algo que le motivaba profundamente a poder dialogar y expresar conceptos tan valiosos como los siguientes: Bolivia es una oportunidad histórica para nuestra América Latina (…). Bolivia ha generado una cuna de próceres que marcaron la historia de nuestro continente (…). Vivimos en un mundo de indignos e indignados.
No sé, quizás demasiado o eternamente lejos de usted, un hombre comprometido con la realidad latinoamericana, capaz de indagar en las raíces y en los mecanismos sociales y políticos de Hispanoamérica. Nos abrazamos, compramos una botella de vino. La caminata nos condujo a disfrutar de la Rambla, el festejo de sus 73 años y lo suyo, pero más allá de todo, la genialidad de un hombre que es verdaderamente una vena abierta de Latinoamérica.

Eduardo Mendizábal es periodista.

No sé,  quizás demasiado o eternamente lejos de usted, un hombre comprometido con la realidad latinoamericana.

 

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