Meridiano

Loyola Guzmán y la acometida de Leviatán

Fernando Molina
jueves, 19 de septiembre de 2013 · 21:38
Los últimos días hemos presenciado una feroz campaña en contra de la activista por los derechos humanos y figura de izquierda Loyola Guzmán por su intento de conformar un "frente amplio”, que incluye al líder opositor Samuel Doria Medina. Guzmán fue insultada en artículos publicados tanto en este periódico como en otros medios, con los adjetivos de "vendida” y "traidora”,  e incluso se llegó a decir que esta dirigente, que a fines de los 60 apoyó la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia, había cruzado "ríos de sangre” al juntarse con gente vinculada a "la dictadura que asesinó” a sus compañeros guerrilleros.  
No es necesario ser un lince para darse cuenta de las motivaciones políticas de quienes escribieron tales cosas: oficialistas, filo-oficialistas o cripto-oficialistas deseosos de mostrar a la oposición, que en estos días da sus primeros pasos electorales, como un pozo de inmundicia política y moral. En tal sentido, esta campaña no constituye más que un anticipo del río de mugre, fango y mierda que la apertura de las compuertas electorales dejará correr muy pronto. Espero –inquieto- que los políticos de la oposición estén espiritual e intelectualmente preparados para resistir lo que se les viene y ya está encima de ellos… Porque el Leviatán de muchas cabezas se levantará con estruendo de las olas y bramará de una manera insoportable de oír, y la imponencia de su tamaño y su locura sumirá a los pusilánimes en la apatía, y a los cobardes en la desesperación.
Pues que nadie se engañe a este respecto: el enemigo de Loyola Guzmán no es otro que el poder. Sólo los muy tontos (o los muy vivos) pueden pensar que las columnas calumniosas que se perpetraron en su contra provienen, como se las presenta, de la pluma de unos "camaradas guerrilleros” que las escribieron en medio del fragor de su lucha contra el capitalismo sangriento, bajo el peso de una derecha troglodita que tiene al país a su servicio y que es capaz, entre otros caprichos, de comprarse a una excompañera del Che para ponerla en un salón como a una lámpara.
Sólo los muy tontos (o los muy vivos) pueden creer que tales escritores siguen agobiados por el recuerdo de los caídos en Ñancahuazú o Teoponte, y que acometen cada uno de sus actos en honor a su memoria. En tal caso cabría preguntarse dónde está la guerrilla, el sitio ese desde donde hablan. ¿Por qué no la han recomenzado? O, más en serio, ¿dónde ésta, cómo se evidencia esa condena teórica al capitalismo que los pone en contraste tan rabioso con la "derecha neoliberal”, tanto como para no ver diferencias entre Doria Medina y la dictadura militar? ¿Dónde se practica esta condena, dónde se ha puesto en escena? ¿Será quizá dentro del "proceso de cambio”, mientras éste rompe todos los récords de expansión mercantil, acumulación de capital y consumo individual, y cuando se orienta claramente a abrir otra vez la industria petrolera a las inversiones transnacionales?
No señores, no. Estos libelos no son las cartas que recibía el coronel Aureliano Buendía de sus compañeros vencidos, y que éstos escribían en chabolas perdidas en medio de la selva. Estas cartas se redactaron en despachos gubernamentales, en departamentos de tres dormitorios, en cafés con wi-fi, y por gente que hace mucho que vive en la democracia y de la democracia, y que -pequeño detalle- está en, o cerca del, poder. (Al mismo tiempo que el poder está cerca de ser absoluto).
¿Hay que recordar que no es la "derecha neoliberal” la que manda ahora, ni la que puede asegurar a sus adherentes éxito económico, notoriedad intelectual, repercusión mediática, elogios y premios públicos, viajes al extranjero, contratos con organizaciones internacionales y empresas deseosas de "establecer contactos”, negocios privados apadrinados por el Estado, cargos públicos, direcciones de medios, el cálido aplauso de las masas, victorias electorales?  ¿Hay que recordar que todo esto se consigue ahora siendo partidario de la lucha armada y anticapitalista, y echando llamas de indignación contra todo lo que sea ajeno al nuevo orden?
Tendría que ser muy mala comerciante Loyola Guzmán para venderse al lado equivocado. Es cierto que la propia Guzmán contribuye a la confusión al reivindicarse como "seguidora del Che” (como si no lo hubiera dejado de ser, y por suerte, hace mucho), una orientación  incompatible con su pertenencia a un "frente amplio” que tiene como primer precepto la defensa de la democracia.  Pero éste es el disfraz de moda, y si uno no lo usa ahora anda como desnudo. Pareciera que no es posible atacar a Leviatán en nombre de la libertad y la justicia; que hay que hacerlo en nombre de la verdadera revolución.
Me resisto a caer en este jueguito. No diré que Loyola no ha cambiado desde 1967: claro que lo ha hecho, y menos mal. Al abrazar la causa de la democracia ha tenido que soltar el fusil y la pretensión de empuñarlo para imponer una "verdad revelada”, y ha tenido que  reconocer que, puesto que esta verdad no existe, todas las visiones particulares que no impliquen violencia son igualmente legítimas, todas deben ser admitidas, con todas es necesario cooperar.  Ha aprendido, Loyola -a diferencia de sus amargados e inconsecuentes corresponsales- a ser tolerante. Y por esto sí que debemos admirarla.

Fernando Molina es periodista.

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