La curva recta

De prostitución, machismo y feminismo

Agustín Echalar Ascarrunz
sábado, 21 de septiembre de 2013 · 19:30

María Galindo ha hecho en su columna del miércoles una denuncia que merece tener eco. El que una mujer haya sido detenida por orden de una jueza por el hecho de estar ejerciendo la prostitución siendo portadora del sida  es una aberración jurídica que debe ser rectificada con gran inmediatez, y todas las organizaciones dedicadas a proteger y promover los derechos de las personas en general, y de las mujeres en particular, y las organizaciones que apoyan a las víctimas del sida, deben ponerse en alerta. Es insultativo para nuestra sociedad el que algo así esté sucediendo.
Y sin embargo, más allá de la curiosa, hipócrita y machista mojigatería de la jueza y del sistema, hay algo que se puede entender en el proceso y que se le escapa a Galindo por ver en el hecho de la prostitución sólo una vil explotación del hombre hacia la mujer, y consiguientemente, por ver a los hombres en general, por lo menos como potenciales "prostituyentes”.  El caso tratado en el artículo de María Galindo puede representar exactamente lo que ella menciona,  de la misma manera como puede tratarse de un caso doloso, donde una persona vende un producto que no está en buen estado y que pone en riesgo la salud de su cliente. De ser así, la detención de la persona seguiría siendo un exceso, pero el inicio de un proceso judicial no sería necesariamente la iniciación de un precedente despreciable. De cualquier manera, una persona, aunque intente contagiar de la fatal enfermedad a otra con intencionalidad, más que un castigo penal, merece una ayuda psicológica.
Donde Galindo se equivoca y deja de ser la cultora de la Virgen de los Deseos y se convierte en una beata de la Virgen de Exaltación (y no por exaltada, sino por mostrar rasgos morales  profundamente judeocristianos), es precisamente en la condena a la prostitución, a los "prostituyentes” y en la victimización de todas las mujeres "en estado de prostitución”, lo cual no deja de ser una actitud profundamente paternalista.  La maniqueísta posición de hombre-malo-depredador y mujer-buena-víctima, no puede llevar a ninguna solución de un tema que hace a la condición humana (dicho sea de paso, no deja de llamar la atención el que desde el mismo espacio donde se reclame el derecho de la mujer por decidir sobre su cuerpo, al momento de seguir con un embarazo o interrumpirlo, se niegue el derecho de ésta a -digamos- alquilar su cuerpo, si es que así lo quiere).
La prostitución es un fenómeno complejo, impregnado de machismo, pero eventualmente de otros factores en la vida de las personas, como ser la soledad y eventualmente la pobreza. Es tan  cierto que hay mujeres que se dedican a la prostitución por pobreza, como es posible que haya hombres que recurran a unos minutos de ternura mercenaria, por el mismo motivo. Pero aclaremos, no se trata de ecuaciones inequívocas, no toda pobreza lleva a la prostitución ni de un lado ni del otro. Y no toda mujer en esto es una víctima ni todo hombre un victimario.
Lo que  puede ayudar a desenredar las cosas es separar el -llamémoslo- comercio sexual, del brutal machismo en el que está sumergida nuestra sociedad. Las mujeres que se dedican a la prostitución y que son maltratadas, no son víctimas de sus clientes, sino de un sistema que las culpabiliza, las arrincona, las hace vulnerables y les quita sus derechos.  Y aquí vuelvo a estar de acuerdo con Galindo:  el carnet sanitario es una aberración que además no sirve para nada, que pretende proteger a los clientes y no lo logra, pero que vulnera a las mujeres y las pone a la merced de funcionarios de baja categoría de posiblemente la más corrupta institución del Estado boliviano. 
Es difícil imaginarse un mundo sin tráfico sexual mercenario (en realidad ésa es una posición ingenua o fundamentalista); lo que le toca a una sociedad moderna es crear los espacios para que este fenómeno se desarrolle de una manera que garantice los derechos de los involucrados. Esto no pasa bajo ningún punto de vista por una absurda revisión médica ni por prontuariamientos de los ofertantes del servicio, sino por el reconocimiento tácito de sus derechos, incluido el de dedicarse al negocio de la venta de placer sexual.   

Agustín Echalar es operador de turismo

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