La realidad, ¿depende de un observador?

Eugenia Muñoz
domingo, 22 de septiembre de 2013 · 20:55

En  la vida cotidiana, la realidad se nos presenta limitada a nuestras percepciones y experiencias individuales, pero, aunque nuestras realidades individuales sean esencialmente subjetivas, desde el punto de vista de la física clásica, sí existe una realidad objetiva, desde el momento en que es teóricamente posible realizar mediciones infinitamente precisas, que nos permiten señalar verdades universales.
   Por otra parte, uno de los problemas fundamentales del Universo, la forma en que fluye el Tiempo marcando la distinción entre pasado y futuro, es sólo raramente tomado en cuenta por la física clásica, aunque, de acuerdo con la mecánica cuántica, es posible conocer cuál era la posición y el momento de una partícula en cualquier instante del pasado. (Lo que quiere decir que nos movemos, desde un pasado definido hacia un futuro incierto).
   En la física clásica, un sistema de partículas funciona como un reloj, independientemente de que esas partículas sean observadas o no.   En la física cuántica (que es el último desarrollo en la búsqueda científica para entender la naturaleza de la realidad física) el observador interactúa con el sistema hasta el punto de que éste (el sistema) no puede considerarse independiente y, muy lejos de la física clásica, funciona bajo el sistema de las probabilidades.
   Un "estado cuántico” es un "objeto matemático” que contiene toda la información sobre energía, el momento angular (magnitud física referida a las rotaciones) y otras magnitudes físicas del "objeto”.
   Todo esto deja en evidencia una de las dificultades intelectuales más grandes y complicadas que tiene la física cuántica: el concepto de "superposición”.
   El "principio de superposición” dice que si el mundo puede estar en un estado "A”, y también en un estado "B”, entonces, también podría estar en un estado "mixto” (la combinación de ambos). Pero, al hacer una medición de ese estado, sólo se podrá obtener "A” o "B”… es decir que, hasta el momento de la medición, el mundo estaba en dos estados simultáneamente, y que, solamente después de realizar la "observación” colapsa en uno de los dos posibles: "A” o "B”.
   El gran físico austriaco Edwin Schrödinger, como crítica a la mecánica cuántica, cuando es aplicada más allá de los sistemas estrictamente atómicos o subatómicos, donde se toma en cuenta el "principio de incertidumbre”, planteó un experimento imaginario que se conoce con  el nombre de "El Gato de Schrödinger”: En una caja cerrada y opaca (no puede verse el interior) se pone un gato con una botella de veneno que está conectada a un átomo que tiene 50% de probabilidades de desintegrarse en un tiempo no determinado y cuya desintegración significaría el quiebre de la botella que dejaría escapar el veneno, el que, a su vez, mataría al gato. El meollo del asunto radica en que, mientras no se abra la caja, como no se sabe si el gato está todavía vivo o ya se murió, se podría decir que el gato está vivo/muerto, y esa situación continuará hasta el momento en que un observador abra la caja, modificando el sistema, y haciendo aparecer, ya sea a un "gato vivo” o a un "gato muerto”. Hasta entonces, la pregunta sobre la vida del gato sólo podría ser contestada probabilísticamente.
   Por supuesto que Schrödinger no pensó en ningún momento plantear seriamente aquella idea del gato vivo/muerto, sino demostrar que la "física cuántica” no puede traspasar el ámbito atómico o sub-atómico, mezclando elementos de esta física (la probabilidad de la desintegración del átomo que figura en el experimento) con elementos de la realidad (la vida o muerte de un gato).
Pero, aun cuando este pseudo-experimento aparezca como descabellado, la verdad es que nos plantea una posible concepción de la realidad, bastante alejada de la que nos presentaba hasta hace poco tiempo, y que presupone grandes desafíos, no sólo a los físicos, sino también a los filósofos, desde el momento en que plantea que la realidad está en función de que exista un ser consciente que la observe.
Porque… si nadie hubiera abierto la caja ¿el gato continuaría estando vivo-y-muerto?...
Y, si viniera un cataclismo (como el que exterminó a los dinosaurios) que arrasara con la vida humana que es, hasta donde sabemos, la única vida consciente… ¿Seguiría existiendo el Universo, sin tener testigo alguno que diera cuenta de su existencia? …

Eugenia Muñoz
es curiosa profesiona

Confidencial

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