Editorial

La buena relación de Evo y Santa Cruz

lunes, 23 de septiembre de 2013 · 21:35
El Gobierno ha demostrado interés, desde hace un par de años, en "normalizar” su relación con Santa Cruz. Ello es algo positivo, tanto para el Ejecutivo como para aquel departamento. Tras años de enfrentamiento, hoy parece que se avanza hacia una paz más o menos definitiva.
Santa Cruz fue el bastión de la oposición una vez que el presidente Evo Morales llegó al poder. Desde allí, en 2008, se organizaron excesivas e ilegales acciones opositoras, que consistieron en intentar bloquear  la gestión presidencial y luego desembocaron en saqueos de oficinas públicas y otras medidas de ese tipo.
Luego vinieron las "represalias” del Gobierno, sobre todo políticas, con denuncias contra varios de sus dirigentes. El denominado caso Rózsa (del que todavía no se sabe la verdad) fue el mecanismo para realizar acusaciones contra muchos empresarios, forzando a algunos al exilio, encarcelando a otros y acallando a los más.
Pero, a un año de las elecciones, y con una mirada más pragmática, ambos bandos están convencidos de que firmar la paz es algo que traerá beneficios. Para el Gobierno, esos beneficios son electorales, obviamente, y por ello ha anunciado importantes obras e inversiones. Morales encabeza las encuestas electorales para las elecciones del próximo año y ampliar su respaldo en el segundo  departamento más poblado de Bolivia (cuya capital es la más grande del país) es obviamente interesante. Santa Cruz sigue siendo la región con menos penetración del oficialismo. Para los empresarios es una oportunidad para tener la tranquilidad de realizar sus negocios.
Con todo, esta "firma de la paz” demuestra también que Morales ha logrado imponer su figura en ese (ex) bastión opositor. Hace unos días encabezó por primera vez la inauguración de la feria de esa ciudad, la más importante del país y una de las de mayor crecimiento de la región. Ver a Morales bromear con sus antiguos adversarios fue observar el cambio profundo que ha vivido el país en los últimos años. Y ese cambio no es del todo negativo.

Junto con ello no hay cómo no comentar que el Gobierno se ha impuesto en esa relación utilizando el chantaje judicial y la amenaza política, condiciones que obviamente no son democráticas. Lo ha dicho el Vicepresidente en varias oportunidades: los empresarios pueden realizar negocios (de hecho atraviesan por un momento de alta bonanza), pero no se les está permitida la acción política, que es un derecho que (supuestamente) tienen todos los bolivianos. El mensaje era muy claro: si esos empresarios deseaban recuperar la normalidad en sus actividades, debían olvidarse de la política. Es una forma inaceptable de vencer a los adversarios.

A un año de las elecciones, y con una mirada más pragmática, ambos bandos están convencidos de que firmar la paz es algo que traerá beneficios.

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