Otras palabras

Familia y trabajo

Fernanda Wanderley
miércoles, 25 de septiembre de 2013 · 20:18
¿Cómo salir a trabajar y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad y el buen desarrollo de hijos(as) pequeños(as) o de familiares con capacidades limitadas? Un número creciente de hombres y mujeres no encuentra una respuesta satisfactoria a esta pregunta. Ya fue el tiempo en que la mayoría de las familias estaba constituida por un papá y una mamá viviendo en la misma casa o en que la mamá se quedaba en la casa y el papá salía a trabajar.
Las transformaciones familiares con el incremento de las familias monoparentales y la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo han cambiado de forma decisiva la relación entre vida laboral y vida familiar, generando nuevas tensiones y desafíos para las sociedades contemporáneas.
¿Qué hacen hombres y mujeres con responsabilidades familiares para conciliar la generación de ingreso y el cuidado de niños, niñas, personas con capacidades limitadas y adultos mayores que requieren cuidado intensivo (supervisión, aseo, alimentación, apoyo psicológico, estímulos cognitivos y físicos)?
Las mujeres y hombres de familias con recursos  pueden comprar servicios para satisfacer las necesidades de sus seres queridos. Sin embargo, la gran mayoría de hombres y mujeres con responsabilidades familiares no pueden hacerlo y se encuentran en graves problemas. Muchos tienen que dejar a sus niños y niñas solos en sus casas. Estas madres y padres salen con el corazón en la mano y rezando para que nada  malo les ocurra. Otras madres y padres llevan a sus hijos a sus trabajos, que, en muchos casos, son en lugares públicos como los mercados.
Ambas situaciones son peligrosas para los niños, niñas y adolescentes. Éstos se encuentran expuestos a riesgos como inseguridad física y emocional, violencia sexual intra y extrafamiliar, embarazo adolescente, actividades delictivas y consumo de drogas. Condiciones que también comprometen un desarrollo sano e integral desde temprana edad hasta la culminación de la infancia.
Son pocas las familias de bajos ingresos que acceden a servicios públicos o subvencionados de cuidado como guarderías municipales o servicios de atención antes o después de la escuela. La insuficiencia de servicios de calidad y accesibles financieramente no sólo vulnera los derechos de niños y niñas a una vida segura y digna, sino también vulnera los derechos de las mujeres a trabajos formales. De hecho, una de las principales razones para la inserción de las mujeres en trabajos al margen de la seguridad social y mal remunerados es la falta de servicios públicos de cuidado.
Los problemas ocasionados por la ausencia de políticas de apoyo al cuidado familiar van más allá de las personas directamente involucradas y afectan al conjunto de la sociedad. Todos perdemos al no garantizar una vida digna y segura a nuestros niños, niñas, enfermos y ancianos.
Por esto es muy importante reconocer el cuidado como un derecho social que debe ser garantizado por el Estado en coordinación con los actores sociales -las familias, las empresas, las universidades, los sindicatos y las organizaciones sociales-. Las políticas de provisión de cuidado y de conciliación entre la vida laboral y familiar no sólo son mecanismos fundamentales para mejorar la inserción laboral de las mujeres, principalmente de los estratos sociales menos favorecidos y así incrementar el ingreso de sus hogares, sino también para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza y desigualdad social. Además los servicios públicos de atención a los niños (as), adolescentes, jóvenes, personas con discapacidad y personas mayores generan nuevas fuentes de empleo. Las políticas públicas de cuidado son necesarias para impulsar las trayectorias de crecimiento económico con equidad social.
 
Fernanda Wanderley es socióloga

e investigadora.

Muchos tienen que dejar a sus niños y niñas
solos en sus casas. Estas madres y padres salen con el corazón en la mano

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