Menudencias

De la traición al cinismo

Juan León Cornejo
miércoles, 25 de septiembre de 2013 · 20:21
Todavía revolotean en  la memoria algunas frases que sintetizan las facetas más oscuras de este proceso de involución que desplaza al de cambios  desde que dejó en el camino a sus propios gestores. Un día como hoy, hace dos años, el Presidente calificó de "imperdonable” la violencia estatal contra la octava marcha indígena en Chaparina. Lo dijo en tono solemne, de aparente crítica y censura a  la forma en que los policías arremetieron contra hombres, mujeres y niños.
     Las imágenes que difundieron los pocos medios presentes ese domingo en ese lugar del camino conmovieron al país. No necesitaron comentario para mostrar la brutal represión que obligó al Presidente a calificarla "imperdonable”. Pero, sobre todo, revelaron un plan infame para doblegar la resistencia indígena a un proyecto vial todavía inexplicable.  La indignación se hizo solidaridad ciudadana sin límites y La Paz  les dio recibimiento de héroes a los marchistas. En ese clima, un Presidente aparentemente compungido promulgó de apuro una ley que, creía la gente, pagaba el sacrificio de los marchistas.
     Horas después, en medio de los afanes para conocer quién planificó y ordenó la represión, el Vicepresidente lanzó otra frase memorable. En tono misterioso, el segundo hombre dijo: "Nosotros sabemos quién fue”. Pero se abstuvo de identificarlo porque,  alegó, esa tarea les correspondía a los investigadores y a la justicia.  Su declaración sorprendió a la gente. Pero la gente confió en que tarde o temprano se conocería al responsable, porque en el más alto nivel del Gobierno ya se lo conocía. Tanto que provocó incluso la renuncia de la ministra de Defensa, en un acto de ética y honestidad poco habitual en estos tiempos.   
     La tercera frase, en orden cronológico y jerárquico, la pronunció el entonces ministro de Gobierno. "Se rompió la cadena de mando” se dijo, para justificar el  "yo no fui” con el que se pretendía deslindar culpas y responsabilidades. La explicación pilatuna calmó a la gente, en el supuesto de que existía aún orden jerárquico dentro del Gobierno y de la Policía.
    Dos años después, el rompecabezas político se terminó de acomodar, aunque sigue en punto muerto la investigación del atropello y, como entonces, sigue también el atropello a las gentes de tierras bajas.
A la ley que calmó el enojo de la gente le incorporaron el concepto de intangibilidad, para proteger los recursos del parque, se dijo. Pero hoy se sabe que sólo fue salida solapada para mantener  con vida el proyecto vial que, pese a todo lo dicho, la gente no sabe aún a quién beneficiará. Y hubo contramarcha oficialista para demandar su construcción y  "consulta previa” después de lanzado y rechazado el proyecto.  Hubo, y hay, intentos (prebendas mediante) para dividir a las gentes del parque mientras sus dirigentes viven recluidos para eludir la persecución judicial. El plan, en realidad, se comenzó a ejecutar en el momento mismo en que se promulgó esa ley, en la plaza Murillo.
    Por eso, también, languidece la investigación sobre los responsables del atropello y persiste un silencio cómplice para revelar quién dio la orden, pese a la obligación legal, y sobre todo moral, de revelarlo. Hay que garantizar, parece, impunidad para construir ese camino,  de cualquier manera. O encubrir a la cabeza real de la traición a los aliados de antaño. En la historia política del país hay varios ejemplos de funcionarios que sacrificaron carrera en aras de la lealtad a sus jefes. El caso del exministro y hoy representante en la ONU podría ser uno de ellos. A menos que sea premio al silencio.
    Sólo así se explica, también, el persistente atropello judicial a las víctimas del atropello policial. Ofende a la inteligencia que dos años después de Chaparina, las víctimas no tengan acceso al cuaderno de investigaciones. Existen plazos legales perentorios para satisfacer un pedido específico que la Fiscalía no ha satisfecho. Pero más allá de ese atropello, la demora evidencia, otra vez, servilismo político de un poder del Estado, en teoría independiente, en favor del que detenta poder político.
 Como van las cosas, es probable que todo siga como está, a menos que se rompa la fuerte cadena de responsabilidades. Lo advirtió ya un senador del Gobierno con una última frase: "La justicia va a tardar nomas -dijo- porque hay una injerencia desde la embajada americana”.  Esa perlita de cinismo marca hoy pauta del atropello oficial a esas gentes que son las mismas gentes que hace más de 25 años marcharon por primera vez con su demanda de dignidad, tierra y territorio y le dieron banderas a este proceso que involuciona hoy de manera inexorable.

Juan León es periodista.

  "Se rompió la cadena de mando”, se dijo, para justificar el  "yo no fui” con el que se pretendía deslindar culpas y responsabilidades.

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

Valorar noticia

Comentarios

Otras Noticias