Precisiones

Ilo: entre patitas solidarios y blanquiñosos nostálgicos

Fernando Salazar Paredes
viernes, 27 de septiembre de 2013 · 20:49
El lenguaje de la calle es un gran instrumento para captar la esencia de un país. Tal vez por eso en el Perú se precian de tener una Academia de la Jerga Peruana. Mario Cavagnaro fue uno de los más destacados compositores de la música criolla peruana que refleja la vida de los peruanos humildes. Y es que, como sostenía César Vallejo, "todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”.
 Una de las canciones más famosas  de Cavagnaro titula Yo la quería patita. En ella el personaje relata a un "patita” (amigo muy querido) que su gran amor fue seducida y luego abandonada por un "blanquiñoso” (pituco o persona que ostentosamente pertenece o simula pertenecer a una clase social pudiente).
 A medida que se aproxima la aprobación de los convenios de Ilo por el congreso del Perú han irrumpido, una vez más, los amigos y los detractores de este acercamiento peruano-boliviano. Afortunadamente, nuestro país tiene muchos patitas que simpatizan con nuestra causa marítima; de ahí que se están por perfeccionar los convenios de Ilo acordados por los presidentes Evo Morales y Alan García.
 En la acera de enfrente están los detractores.
Uno de ellos, el exembajador Eduardo Ponce Vivanco, en su columna de esta semana en Correo de Lima, ha escrito un artículo bajo el rótulo de "Bolivia: Tropezando con la misma piedra”, en el que sostiene que no es el momento de discutir, menos aprobar, los nuevos acuerdos sobre Ilo, a no ser que se cumplan dos condiciones fundamentales: que la sentencia de la CIJ se dicte y se ejecute, y que se conozca la Memoria que Bolivia presentará en abril de 2014 para sustentar su demanda contra Chile, proceso en el que, según Ponce Vivanco, Perú tendrá que intervenir para salvaguardar sus derecho en Arica.
Después de preguntar si es sensato enquistar el incordio que sería "Mar Bolivia” en un puerto geopolíticamente clave en el sur del Perú, termina la nota admonitoriamente: "Nada debemos a Bolivia. No somos responsables de su mediterraneidad y nuestra voluntad de cooperación no se puede ir, una vez más, en desmedro del interés nacional”, olvidándose descaradamente del Tratado de Ancón.
Ponce Vivanco no está solo; responde a una corriente muy arraigada en algunos círculos dentro del Perú que aflora, de cuando en vez, para tratar de desestabilizar la relación peruano-boliviana. Se caracteriza, además, por una pronunciada chilenofilia que, hoy por hoy, emerge militantemente por la competitividad que Ilo implicaría frente a otros puertos del sur peruano en los que intereses de consorcios chilenos están muy arraigados.
Hay toda una nostalgia de la "collera” de algunos "blanquiñosos” de Torre Tagle -que el gobierno de Humala pasó oportunamente al retiro- por continuar secundando ganancias chilenas en Perú. Su propósito es, una vez más, servir a intereses económicos chilenos en desmedro del interés nacional del Perú.
Es difícil sustraerse de recordar que también hubo un otro Vivanco, el general Manuel Ignacio, que después de la batalla de Socabaya, derrotado, emigró a Chile y se agrupó allí con los conspiradores contra la Confederación Peruano Boliviana a los cuales el argot criollo los denominó como "la argolla”.
Está claro que en este asunto de los convenios de Ilo hay una suerte de contienda entre patitas y blaquiñosos. Los primeros con una visión amplia y constructiva, de gran perspectiva, y los segundos que, de tanto mirar al retrovisor, rechazan la realidad de un mundo de integración, convivencia y solidaridad.
Entre los primeros me vienen a la memoria los expresidentes Lizardo Montero, Francisco Morales Bermúdez y, más recientemente, Alan García Pérez; los diplomáticos Javier Pérez de Cuéllar, Allan Wagner, José Antonio García Belaunde y Manuel Rodríguez Cuadros, entre otros, que han contribuido y contribuyen a una amistad peruano-boliviana fortaleciendo los aspectos que nos unen y desechando lo poco que nos separa.
Entre los segundos hay un otro embajador blanquiñoso, cuyo nombre prefiero no recordar, que no hace mucho endilgaba al presidente Evo Morales de intentar "contrabandear la solidaridad peruana con su causa marítima como sinónimo de apoyo a su exabrupto respecto al Tratado de 1904”.
La historia de la relación entre Perú y Bolivia es de larga data. Hemos convivido armoniosamente y seguiremos coexistiendo afablemente por mucho más tiempo en la búsqueda de un futuro solidario de mutuo beneficio. Ni cien artículos insidiosos y malintencionados podrán hacer mella a este acometido.
No obstante, es preciso recordar, como lo hacen los patitas peruanos, a José Carlos Mariátegui, que decía que los peruanos "tenemos el deber de no ignorar la realidad nacional, pero tenemos también el deber de no ignorar la realidad mundial. El Perú es el fragmento de un mundo que sigue una trayectoria solidaria”.

Fernando Salazar es abogado
 internacionalista.

Confidencial

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