¿Por qué Evo les quita el sueño?

Eduardo Mendizábal Salinas
martes, 31 de diciembre de 2013 · 17:31
Es una pregunta que me la vengo formulando desde que el actual presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, se hizo dirigente cocalero, luego honorable diputado y, posteriormente, candidato a la Presidencia de la República de Bolivia, en un ascenso meteórico, fundamentalmente para un hombre de extracción humilde en un país donde –hasta hace algunos años- ser indígena era, triste y lamentablemente aberrante, sinónimo de ciudadanía de segunda.
Si bien me tocó entrevistarlo como diputado nacional, la primera impresión sólida que guardo de él tuvo como escenario la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Allí –en noviembre del año 2003- se desarrolló la XIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, con la participación de 23 dignatarios de igual número de países.
En tan magno encuentro, Evo Morales Ayma, acompañado de Filemón Escobar, exdirigente y fundador del MAS, se reunió en privado con Luiz Inacio Lula Da Silva, presidente de la República Federativa de  Brasil, y parte de su comitiva en uno de los salones del hotel Los Tajibos.
Como periodista –en aquel entonces- del semanario Energy Press, logré ingresar a la reunión porque, al parecer, los visitantes pensaban que era parte de la misión boliviana y, éstos, de la brasileña.
Lo cierto es que me senté cerca de la mesa donde el presidente Lula escuchó a Evo Morales y Filemón Escobar expresarle su posición y la de su partido frente al escenario político que vivía el país, fundamentalmente porque semanas atrás, en octubre de 2003, había tenido escenario la llamada  guerra del gas, con la caída del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
Recuerdo a un Evo Morales -humilde y cauto en sus apreciaciones- decirle a Lula Da Silva que temía por su vida y que si algo le sucedía la responsabilidad iba a recaer sobre  Estados Unidos.
Actuando como zorro viejo, es decir con mucha cautela, el entonces presidente Lula le pidió a Evo Morales que estuviera tranquilo, que mirara al futuro con optimismo y que se preparara para gobernar pensando en todos los bolivianos.
Esas palabras calaron profundamente en Evo Morales y Filemón Escobar –creo sin equivocarme- porque fueron un augurio de su llegada al poder, tres años más tarde, en enero de 2006.
Hoy, el primer Presidente indígena  se apresta a celebrar ocho años de mandato constitucional, amado, odiado, criticado y vapuleado, particularmente por una oposición política que, a mi juicio, se está quemando en su propia hoguera y, preparando, merced a su incapacidad, el mejor de los escenarios para la reelección de Evo Morales Ayma en las elecciones presidenciales de octubre de 2014.
Para una reelección que hoy quita el sueño a quienes tienen como mejor argumento la crítica destructiva y malintencionada,   todo está mal, recurriendo a trivialidades, por no decir estupideces, las más de las veces, limitándose a denuncias que nunca terminan de sustentarse y en pocas semanas caen en el desván del olvido.
Les es más importante escarbar la vida privada que los temas que comprometen y afectan a la sociedad y al país en su conjunto, más allá del racismo hipócrita, particularmente en ciertos "círculos sociales”, donde muchos tendrían que sacudir su árbol genealógico para ver cuántos de los que caen guardan similitud con el que denostan y discriminan solapadamente.
¿Les quita el sueño? Evo Morales a mí no, creo que es un buen Presidente y será la historia –como se lo dije a Mario Vargas Llosa en Londres- quien dé el veredicto final.
No me estoy refiriendo a su entorno, mucho menos al inmediato. Lo haré oportunamente, con la firmeza y argumentos que me llevan a criticar a una oposición que se desgasta día a día, pero, por sobre todo, recordando una pregunta que en distintos escenarios –como periodista de Los Tiempos y El Deber- formulé a tres expresidentes latinoamericanos y a una en funciones: Vicente Fox, de México; Alejandro Toledo, de Perú; Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de Chile; y Dilma Rousseff, de Brasil.
¿A qué le temían más en caso de acceder a la Presidencia de su país? Los cuatro fueron contundentes y categóricos con una respuesta que, expresada en distintas palabras, decía: a una oposición inteligente y constructiva.
Es también muy fácil destruir desde la otra vereda, es fácil ser todólogo y encender el ventilador, sintiéndose un virtuoso en política por haber leído El Príncipe en edición de bolsillo. A todos ellos habría que preguntarles: ¿Por qué Evo les quita el sueño?


Eduardo Mendizábal Salinas es periodista.
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