Precisiones

Perú - Chile en La Haya: salga lo que salga nos salpicará

Fernando Salazar Paredes
viernes, 17 de enero de 2014 · 21:07
El pasado 13 de diciembre, el escueto comunicado de prensa de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) informaba que el lunes 27 enero de 2014, por la tarde, la CIJ pronunciará su fallo en la causa relativa a la controversia marítima (Perú contra Chile).  
A escasos nueve días de esta trascendental decisión conviene recordar que la controversia entre Perú y Chile está referida a la delimitación del límite entre las zonas marítimas de ambos Estados en el océano Pacífico e incluye el reconocimiento a favor de Perú de una extensa zona marítima que se sitúa dentro de las 200 millas marinas adyacentes a la costa peruana.
Según Perú, las zonas marítimas nunca han sido delimitadas, ni por acuerdo, ni de alguna otra forma; Chile sostiene que ambos Estados han acordado una delimitación que comienza en la costa y continúa a lo largo de un paralelo de latitud.
Hay tres escenarios posibles para el fallo de la Corte: (1) que  dé la razón a Perú, (2) que rechace la pretensión peruana o (3) que el fallo sea mixto. En ningún caso  Perú pierde.  En el peor escenario para Perú las cosas se mantienen como están ahora.
Para Chile la situación es diferente. Sólo podrá aducir victoria si hay un terminante rechazo a la demanda peruana. En las otras alternativas se podrá interpretar, inequívocamente, como una derrota chilena.
Esto podría explicar la situación imperante en ambos países: el relativo nerviosismo chileno y el aparente triunfalismo peruano. Por eso es que los dos países le otorgan importancia a las reacciones, tanto en Tacna como en Arica; cualquier recomposición de la tensa relación en esta región será a costa de las expectativas bolivianas.
En lo que a Bolivia respecta, si gana Perú nuestros derechos expectaticios sufrirían un sustancial deterioro. En este caso, la línea divisoria que, actualmente, está a lo largo de un paralelo que comienza en la costa, se movería a una línea equidistante que tome en cuenta la configuración geográfica de la costa.
Ello implicaría que Perú adquiriría (y Chile perdería) aproximadamente 35.000 kilómetros cuadrados. Cualquier solución a nuestro enclaustramiento por la vía del corredor, a la sazón, se vería disminuida en el potencial aprovechamiento de las riquezas del mar.
Habría otra consecuencia, tal vez más contundente, si Chile pierde: la demanda boliviana en La Haya se vería afectada puesto que ese país endurecería su posición al extremo de seguir las recomendaciones de las comisiones respectivas de ambas cámaras congresales, que consideran que Chile debe rechazar la demanda aduciendo falta de competencia.
Más aún, después de perder espacio marítimo judicialmente será mucho más complicado e improbable que Chile se avenga a otorgar a Bolivia, en negociación directa y de buena fe, un espacio territorial que nos permita un acceso libre al mar.
La ratificación de los tratados de Ilo en el Legislativo peruano -donde han surgido voces de protesta- no podrán hacer abstracción de los resultados de la CIJ.
En el caso de que gane Chile, nuestra demanda en La Haya también se verá afectada, pues un triunfo afianzará su desempeño en instancias judiciales internacionales y obrará con mayor aplomo y experiencia.  
La negociación directa también se vería comprometida, pues con una instancia judicial ganada y otra en curso, que le significa una piedra en el zapato, la pizca de confianza mutua necesaria para una negociación se habrá disipado totalmente y será un diálogo de sordos, más aún si se insiste en que sea Chile el que debe presentar la propuesta.  
Chile podrá asumir un gol peruano, pero hará todo lo posible para que Bolivia no le añada un segundo gol.
Una solución mixta que favorezca a ambos, y en la que ambos también cedan algo, sería, inclusive, más complicada para los intereses bolivianos pues, como siempre, estaríamos entrampados entre intereses cruzados que, seguramente, a la larga, convergerán en detrimento nuestro. Un posible empate sería, entonces, para nosotros, muy pernicioso.
En términos sencillos, relativamente, el escenario que más nos conviene es el de un triunfo chileno. No obstante, salga lo que salga de la Corte, la decisión nos salpicará.
Los estrategas de nuestra política exterior, curiosamente tan suficientes como paradójicamente tan inseguros, deberán tomar en cuenta este resultado que, de una manera u otra, será una indicación de cómo se podrá encauzar, de la mejor manera, el delicado sendero que han escogido y que, más temprano que tarde, afectará los intereses del país.
La mayoría esperamos que tengan éxito, no obstante, algunos anticipan un nuevo fiasco similar a los de las últimas asambleas de la OEA.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista

Señor Director:  
En mi columna publicada en la edición del 15 de enero he incurrido en el lamentable lapsus de confundir los nombres de dos personajes de la novela La tía Julia y el escribidor. El nombre de la tía Julia es Julia Urquidi y no Elvira Llosa, como erróneamente lo mencioné. Pido a los lectores disculpen por tan lamentable error. A tiempo de agradecerle por permitirme la presente rectificación, le hago llegar mis más cordiales saludos.
Alejandro Almaraz


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