Los hijos de Mandela

Juliet Torome
miércoles, 1 de enero de 2014 · 19:31
Antes de saber que Nelson Mandela existía, creía que nuestro líder, el presidente keniano Daniel Toroitich arap Moi, era el único hombre de Estado en el mundo. Tenía cinco años de edad y para mí no existía otro mundo que Nairagie Enkare, mi lugar de nacimiento,  en la zona rural de Maasailand.
Moi era para mí una figura mítica porque no vivía en Nairagie Enkare, pero estaba siempre presente a través de la radio, una tecnología demasiado complicada para que una niña como yo la entendiera.
Cada boletín de la estación de radio controlada por el Gobierno comenzaba con lo que "su excelencia, el santo presidente Daniel Toroitich arap Moi” había dicho o hecho. Visitó una escuela, plantó un árbol, ayudó a un grupo de mujeres, asistió a la iglesia, dijo que la agricultura era la columna vertebral de nuestra nación, dijo que éramos afortunados por vivir en Kenia.
Durante el día, el éter se llenaba de canciones que repetían el mensaje del padre de la nación, recordando a los kenianos seguir sus pasos. Tal vez porque lo que llegaba a través de la radio era tan predecible, la gente buscaba noticias alternativas a través del servicio de la BBC.
La mayoría de las tardes, a las 18:00, los hombres se reunían a escuchar en las casas de los pocos, como mi padre, que tenían radios.
Pero el 11 de febrero de 1990, los hombres comenzaron a repetir "¡está libre!, ¡está libre!, ¡Nelson Mandela está libre!”.
Estoy segura de que mi padre y sus amigos habían escuchado antes en la radio del Gobierno sobre la liberación de Mandela, pero esperaron a confirmarlo en la BBC. Salieron hacia un bar a celebrar antes de que las noticias terminaran.
Cuando mi padre regresó esa noche, cantaba alabanzas a Mandela. Nunca le pregunté quién era Mandela. El año siguiente me inscribí en la escuela y comencé a aprender que el mundo continuaba más allá de Nairagie Enkare. Mis maestros me explicaron por qué la liberación de Mandela, luego de 27 años en prisión, significaba tanto para los africanos, desde las grandes ciudades a las pequeñas aldeas.
Para 1980, los africanos negros habían llegado al Gobierno en todos los países, excepto Sudáfrica. La liberación de Mandela 10 años más tarde puso a África un paso más cerca de la independencia absoluta.
Esa misión se completó en 1994, cuando el apartheid cayó y los sudafricanos escogieron a Mandela como su primer presidente democráticamente electo.
Y, justo cuando pensé que ya había dejado su marca en nuestra historia, sacudió al mundo anunciando que no se presentaría para la reelección una vez finalizado su primer período presidencial en 1999. Tenía 14 años cuando fui lo suficientemente mayor para entender lo inusual que era para un presidente africano en ejercicio retirarse voluntariamente. En mi propio país, por ejemplo, la gente comenzaba a preguntarse si Moi dejaría su cargo en 2002, cuando finalizara su segundo mandato.
Había dirigido Kenia durante 13 años, antes que una medida para reintroducir la democracia multipartidaria en 1991 preparara el camino para las elecciones del año siguiente. Moi pudo presentarse nuevamente, siempre que respetara el límite constitucional de dos períodos. Me siento extremadamente afortunada y honrada porque el comienzo de mi educación formal coincidió con la reemergencia de Mandela en la política africana. Su paciencia, civilidad y políticas de reconciliación me proporcionaron un mejor ejemplo de la democracia y el buen gobierno del que podría haberme brindado cualquier clase de educación cívica.
Mandela correspondía al tipo de líder que los africanos tenían en mente cuando lucharon por liberarse de los imperios europeos. Los africanos querían líderes que los reconciliaran y unieran, líderes que recuperasen la dignidad que el colonialismo les había robado.
De hecho, más de 20 años después de que Mandela traspusiera las puertas de la prisión, supuestamente poniendo fin a la lucha africana por la libertad, "grandes hombres” en países, como Congo y Zimbabue, continúan aferrándose al poder contra la voluntad de su gente.
Sin embargo, me alienta que, desde que Mandela dejó la presidencia, muchos mandatarios africanos -incluidos Moi y Thabo Mbeki, el sucesor de Mandela- han obedecido las constituciones de sus países y se retiraron de sus cargos sin ofrecer resistencia.
También confío en que Mandela ha inspirado a otras personas jóvenes como yo a continuar con la liberación pacífica de África: el estilo de Mandela.

Juliet Torome es escritora
y documentalista.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas


   

60
1

Comentarios

Otras Noticias