Tinku verbal

Irracionalidades y creencias

Andrés Gómez Vela
sábado, 4 de enero de 2014 · 20:13
"Si me quieres, invítame (alcohol)”. "No me rechaces, salud, seco”. "Mi cariño, servite esta cajita de cerveza”. "Si no me aceptas este vasito, no me quieres, hermano”. Estas frases circulan en las fiestas hasta emborrachar a quienes las pronuncian y las escuchan. Reflejan que el cariño se mide en litros de alcohol. Mientras más bebes, más quieres. Pero encierra una tremenda contradicción porque en nombre del aprecio te dan una droga que daña tu cuerpo y que, probablemente, no te lo daría ni tu peor enemigo.
Mucha gente toma en serio esta irracionalidad hasta convertirla, en ese mundo adormecido, en algo parecido al aforismo al presuponer que mientras más te "envenenas” y "envenenas”, más quieres o más te quieren. En ese mundo invertido, si rechazas el vaso de alcohol o evitas el chantaje etílico, lo van a entender como desprecio u odio, cuando en realidad es una verdadera expresión de cariño porque estás salvando al otro u otra de una droga que puede amargar su vida.
Es una adicción al tedio mediatizar con alcohol el amor fraternal. La sana imaginación puede inducir a cambiar la caja de cerveza o la botella de otra bebida por una rica comida, un objeto útil, un gesto inolvidable o un libro. Al final siempre será más barato que una farra descomunal.
Otra frase desesperantemente irracional es ésta: "Estoy a dos cuadras, ya estoy llegando”. El otro día fui testigo de una exageración. Mientras bajaba de El Alto a La Paz, mi vecino de asiento del minibús hablaba por su móvil. "Ya estoy llegando, estoy a dos cuadritas de la plaza del Estudiante”. Mentira, estábamos en la ceja parados, esperando que el minibús se llene. Pasados cinco minutos vuelve a sonar el celular. "Ya voy a llegar, lo que pasa es que hay trancadera”. Mentira, la autopista estaba despejada. Otra vez el celular. "Este taxista se ha metido por otra calle y nos hemos pasado de la plaza, estoy volviendo, ya te estoy viendo”. Mentira, no estaba en taxi, sino en minibús y estábamos a 15 cuadras del lugar de cita, que había sido fijada para las 9:30 y ya eran las 10:15.
¿Por qué no decir la verdad? ¿Por qué nos cuesta tanto respetar a nuestro prójimo, a quien expresamos nuestro cariño en litros de alcohol? No sólo se miente con absoluta desfachatez, sino que también se menosprecia el tiempo del otro. Generalmente, cuando alguien dice que está a dos "cuadritas” o a punto de llegar, en realidad está saliendo de su casa que está a media hora o más del lugar de cita.
Y a esto le llamamos muy orgullosos hora boliviana, cuando en realidad es retraso boliviano (tómelo en el sentido que quiera). Ya es una costumbre convocar a un evento con hora falsa. "Coloca en la invitación a las 18:30, hasta que llegue la gente serán las 19:00 y empezamos a las 19:15”. ¿Y qué hay con los puntuales que sufren las consecuencias de los cultores de la hora boliviana?
Estas irracionalidades y creencias populares alcanzan un grado superlativo cuando la borrachera causada por el alcohol se mezcla con la embriaguez provocada por el poder. Es un cóctel peligroso, a tal punto que termina a veces en tragedia. Todo comienza cuando creen que toda obra debe ser inaugurada con alcohol en exceso. Ya está presupuestado.  Cierto día, un alcalde de un municipio del Norte de Potosí fue a inaugurar una obra a medio construir. Llevó consigo a cinco acompañantes, entre ellos una enfermera. Bebieron hasta tarde con el dinero y en el vehículo del Estado. Cuando volvieron al pueblo, el alcalde dijo adiós a sus acompañantes, menos a la joven mujer. Pidió al chofer las llaves del auto y se fue con la enfermera. Al día siguiente, ella apareció violada y muerta, y él ahora está en la cárcel.
La mezcla de alcohol y poder produce, casi siempre, una borrachera violenta. Ojalá se prohíban presupuestos para farras descomunales en inauguraciones de obras y hallemos algo más imaginativo para celebrar alegrías y expresiones de cariño.
Ahora me retiro antes de que me obliguen a expresar amor en litros de alcohol, ya estoy a "dos cuadritas” de mi casa, pero en serio.
 
Andrés Gómez es periodista.

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