Economía de papel

El correo

Alberto Bonadona Cossío
viernes, 10 de octubre de 2014 · 20:30
Muchos dirán (me incluyo) que la Empresa de Correos de Bolivia (Ecobol) está moribunda o en una coma prolongada. Otros (particularmente sus empleados) dirán que está viva e incluso con posibilidades de reactivarse, actitud que muestra más un deseo que una real posibilidad. Las posibilidades de que esta empresa renazca, se fortalezca y pueda competir contra numerosas y florecientes empresas privadas de correo, creo, a estas  alturas, es ya un imposible.
Creo con profunda convicción que las empresas públicas pueden llegar a ser tan eficientes como las privadas y viceversa. Considero que cuanto más grandes las corporaciones privadas más tienden a parecerse a las empresas públicas.
Son semejanzas intensas, particularmente, en lo que toca a ambas por una profunda disolución de la propiedad. Existen grandes corporaciones con millones de dueños y son, en este sentido, como las empresas públicas que también pertenecen a millones de ciudadanos al punto que no son ya estos millones los que deciden sus destinos. Lo hacen, a nombre de ellos, grupos de burócratas que toman las decisiones vitales en su presente y para su futuro.
Si se los deja con una, más o menos irrestricta, libertad de disponer los bienes de otros (sean socios o ciudadanos contribuyentes), los ejecutivos -sean burócratas estatales o privados- toman decisiones que, por lo general, les benefician directamente y, por supuesto, van en contra de los legítimos dueños.
Basta leer acerca de las grandes bonificaciones que definen para sí mismos los ejecutivos de las grandes corporaciones (privadas), aunque las políticas que asumen sean desastrosas o contribuyan a ahondar crisis como la iniciada a fines de 2007 en los mercados internacionales.
Éstos pueden tomar decisiones desastrosas para los verdaderos dueños, pero que los benefician personalmente de la misma manera que burócratas públicos deciden recibir jugosos sobornos por compras multimillonarias.
Si se hubiera querido hacer de Ecobol una gran empresa corporativa, pública, se necesitaba más de una burocracia de jerarcas ejecutivos. Se necesitaba un grupo altamente profesionalizado y un aparato regulador que lo supervise, también altamente profesionalizado.
Por supuesto que ser técnico no basta para no tentarse con los recursos ajenos que pasan por las manos de uno. Se requieren normas sesudamente pensadas, estructuras jerárquicas eficientes y tecnología apropiada.
En esta época, la tecnología es imprescindible. Por no observar el avance de ésta y no adecuarse oportunamente al mismo, Ecobol se dejó ganar la partida con correos privados (curriers).
No es escusa apuntar a que los correos son ahora electrónicos porque los paquetes aún no son virtuales y el comercio electrónico ha aumentado los envíos de paquetes nacional y, especialmente, entre distintas ciudades internacionalmente.
Las comisiones por transferencias de dinero eran una fuente adicional de ingresos para el servicio de correos. Hoy estas transferencias son mayormente internacionales y son cientos de miles de dólares que componen las remesas. Este negocio ha sido copado por los bancos y hasta por compañías de comunicación móvil.
Si Ecobol finalmente sale del mercado y muere como empresa no es porque sea empresa pública, es porque no se le dotó del gobierno corporativo que exigen los tiempos y porque los marcos reguladores son cada vez más débiles en Bolivia.
 
Alberto Bonadona Cossío

es economista.

Si Ecobol  finalmente sale del mercado y muere como empresa es porque  no se le dotó del gobierno corporativo que exigen los tiempos.

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