El coach del domingo por la noche

Juan Antonio Morales
jueves, 16 de octubre de 2014 · 20:38
En los círculos deportivos se dice que todos se convierten en coachs después del partido, señalando lo que se hizo, lo que no se hizo y lo que debería haberse hecho. No soy analista político ni pretendo que mis análisis sean siempre acertados, pero quiero ejercer mi derecho de coach de domingo por la noche para comentar los resultados de la elección pasada.
No cabe duda acerca de la inteligencia de Tuto, de su valentía, de su capacidad oratoria, de su capacidad para responder rápidamente a las preguntas y de su habilidad para poner en vereda a los inquisidores oficialistas.
Pero, como a político le ha faltado la ductilidad necesaria y abandonar su arrogancia frente al MAS y a los candidatos opositores al MAS. Habiendo comenzado tarde, sin contar con una estructura de apoyo político, con problemas de financiamiento, le hubiese sido más sensato buscar un entendimiento con Doria Medina. Grave error no hacerlo y se ve en los resultados electorales.
Juan Del Granado es tal vez el único que tenía un programa más o menos coherente, pero se portó muy sectario. Juan, que durante su vida política había coqueteado con varios partidos políticos, a último momento se volvió selectivo y no quiso buscar alianzas con los otros partidos de oposición. Un político ducho como él debía haberse dado cuenta de que necesitaba aliarse con los otros partidos. Ahora debe estar en romería a la Virgen de Copacabana para pedir su intercesión para que no pierda su sigla.
El programa de Unión Demócrata no era suficientemente ambicioso y lo que proponía Samuel no se diferenciaba suficientemente de lo que había hecho el MAS. Muchos electores veían en lo que Samuel proponía una continuación de las políticas económicas y sociales del MAS, aunque  haciéndolo mejor.
No abrió el debate, por lo menos no de manera vigorosa, de las nacionalizaciones, de las empresas estatales llenas de misterios,  del lamentable estado de la justicia, de la calidad de las legislaciones aprobadas en la última legislatura, de los derechos humanos, y así por delante. Ni mención a lo que se podía mejorar en materia de impuestos y de política monetaria. La oferta de los CITES era muy  estrecha y  no espoleaba al electorado.
El MAS tampoco tenía programa y sus ofertas traían más bien malos recuerdos, pero tenía otras ventajas, que las supo aprovechar muy bien. Los que tenemos suficiente edad nos acordamos que ya se hablaba de convertir a Bolivia en centro energético para el continente sudamericano en la década de los años 70, durante el primer gobierno de Banzer.
Vendimos al mundo, en esa época, la idea de que pronto nos convertiríamos en potencia petrolera y nos endeudamos con especial deleite. La deuda hizo crisis en los años 80 y se le pasó toda la factura al doctor Siles Zuazo.
Todas las proyecciones antes de las elecciones mostraban una victoria del MAS, lo que efectivamente ocurrió, aunque en menor medida de sus ambiciones. Dados los grandes cambios en el contexto internacional de los últimos meses y el anunciado fin del superciclo de las materias primas, la gestión económica ya no le será tan fácil como administrar el maná que le había llovido del cielo.
Tendrá también que cumplir con los costosos ofrecimientos que ha hecho a lo largo de la geografía del país y la plata le va a faltar, a no ser que se la den los chinos o se succionen las reservas internacionales del BCB.  La elección más importante para nosotros no ha sido la del domingo pasado, sino será la segunda vuelta electoral brasileña. Hay de por medio, lo que pasará con nuestra principal exportación, en la que se asienta la bonanza de los últimos años.
El ganador moral de las últimas elecciones ha sido Fernando Vargas. Sin recursos financieros, apostando solamente a la simpatía que generaba su integridad y su preocupación por el medio ambiente ha conseguido un resultado  mejor que el que todos esperábamos.
 
Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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