Autoritarismo como modelo

Editorial
jueves, 2 de octubre de 2014 · 21:04
Nada se reproduce tan  rápido como el mal ejemplo. Y, como estamos en campaña política y todo el mundo dice lo que quiera, como quiera y a quien quiera, pareciera fácil comportarse con soberbia y desdén hacia los demás, exhibir el poder y ser autoritario...
Hay varios ejemplos. Pero dos son particularmente emblemáticos de lo dicho. El primero, la bacanal que arman cada año los folkloristas en la zona Sur de La Paz, concretamente en Cota Cota, a finales del mes de septiembre.
 Lo de monumental no tiene que ver con lo vistoso de los trajes, ni la pericia de los bailarines, sino con la forma descomunal en que éstos y el público que asiste a verlos, dan rienda suelta a los excesos al consumir cantidades desmedidas de bebidas alcohólicas y actuar en consecuencia; es decir, ensuciar las calles, agredir a la  gente, impedir el paso de los vecinos y convertir las calles y hasta las puertas de las casas en un foco de mugre y peligro.
Las autoridades locales (del municipio de La Paz), deslindaron responsabilidades sobre por qué y cómo se continúa autorizando esta "entrada” que cada año provoca quejas y pedidos de  auxilio de los habitantes de esta populosa región de la ciudad, argumentando que el permiso para la misma proviene de la Alcaldía de Palca.
Éste (y otros problemas que se presentan por este conocido conflicto de límites municipales) es un ejemplo también del autoritarismo, en este caso de las autoridades de Palca, que no tienen el menor sentido de responsabilidad con las autorizaciones que brindan a diestra y siniestra, perjudicando abiertamente al municipio de La Paz.
 El otro ejemplo es ya cansino y reiterativo, pero no por ello menos importante, y tiene que ver con el comportamiento de los choferes de La Paz que, sin ningún reparo, amenazan con contundentes paros si no se atienden sus exigencias, la mayoría de ellas sin fundamento, mientras que, por otro lado,  incumplen permanentemente los compromisos que asumen con las autoridades.
 Más aún, recientemente, en una nueva muestra de este  autoritarismo que se comenta, los choferes condicionaron su diálogo con el gobierno municipal de La Paz (de cara a resolver el conflicto suscitado por el reordenamiento vial de la zona Sur) a que no estén presentes los vecinos. Quieren, sostienen los dirigentes, hablar solamente con los representantes de las juntas vecinales, no con cualquier vecino.

El corporativismo, tan alentado en nuestros días, no es más que una muestra del egoísmo de un sector sobre el bien común. Con éste y el evidente autoritarismo enraizado en nuestra sociedad, estamos por mal camino.

El otro ejemplo es ya cansino y reiterativo, pero no por ello menos importante, y tiene que ver con el comportamiento de los choferes de La Paz.

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