El volátil escenario electoral de Brasil

Editorial
viernes, 3 de octubre de 2014 · 20:33
La Bolsa de Valores y la moneda brasileña cayeron en los últimos días en porcentajes importantes, en un reflejo del nerviosismo de los empresarios ante el resultado incierto de los comicios de este  domingo. La generalidad de la clase empresarial de ese país es contraria a las políticas de la presidenta Dilma Rousseff, a quien acusan de generar planes antiempresariales, como establecer elevados impuestos, no invertir lo suficiente en infraestructura, alentar una burocracia ineficiente y no luchar contra la corrupción.
Cuando la candidata del Partido Socialista, Marina Silva, empezó a subir en las encuestas y se daba como una probabilidad real que ganaría en la segunda vuelta, los empresarios mostraron optimismo porque ésta ha señalado que buscará una economía más abierta. En los últimos días, nuevas encuestas han mostrado, en un volátil escenario preelectoral, que sería Dilma la que ganará la segunda ronda, y los empresarios reaccionaron con pesadumbre. La caída del real y de la bolsa es el reflejo de ello.
Silva es una política interesante. Es la primera mujer afrobrasileña que tiene un liderazgo nacional y posibilidades de llegar al poder. El inesperado fallecimiento de Eduardo Campos, un apreciado dirigente socialista, hizo que Marina fuera elegida como candidata presidencial y, por efecto de la conmoción ocasionada ante esa muerte, aumentó su respaldo popular. Nació en Acre, el estado fronterizo de Pando, Bolivia; tuvo una infancia muy pobre y solo salió de su comunidad cuando enfermó gravemente, a los 16 años, para pedir ayuda médica. Fue a esa edad que recién aprendió a leer y escribir. Terminó el colegio en programas especiales y luego se tituló como historiadora en la universidad. En una primera instancia se involucró con el movimiento ambientalista y con el partido comunista de Brasil y luego con el PT. Fue designada ministra de Medio Ambiente por el expresidente Lula Da Silva pero renunció al cargo al considerar que Lula no respetaba los principios de un desarrollo sostenible.
Participó en los comicios de 2009 y logró un sorprendente tercer lugar, con el 19% de los votos. Luego abandonó el Partido Verde y trató de crear su propio movimiento político, pero el organismo electoral rechazó la iniciativa aduciendo errores en la recolección de firmas. Marina Silva es de religión metodista y, por ello, sus posiciones son conservadoras en el plano social. Sin embargo, expresa ideas liberales en el campo económico.
Rousseff, mientras tanto, ha centrado su campaña en  asegurar que su continuación en el poder da garantías de estabilidad y  defensa de los trabajadores, frente a las políticas más liberales de Silva. Rousseff es una líder inteligente, aguda y también alejada de la demagogia y del discurso fácil y sigue teniendo una elevada popularidad tras cuatro años en el poder.
Brasil tiene por delante grandes desafíos. Tras una década de crecimiento, desde hace ya unos años que su economía está estancada, las inversiones han caído y las exportaciones se están primarizando progresivamente. El desempleo ha subido y el costo de vida es comparable con el de algunos países europeos, pero con salarios latinoamericanos.
Con todo, Brasil es uno de los grandes jugadores mundiales y el principal actor de las Américas, sólo detrás de EEUU. Para Bolivia, aquel país es vital, considerando su influencia internacional, su gran mercado interno y, sobre todo, porque compra la mayor parte del gas que vendemos, contrato que sostiene la actual boyante política fiscal boliviana.

Con Brasil, el Gobierno  ha establecido el peor relacionamiento en décadas. Este vecino  no tiene un embajador designado desde hace un año, en una situación que no tiene visos de cambiar. En otra demostración de esa mala relación, Rousseff se negó en varias oportunidades a realizar visitas de Estado a Bolivia o a reunirse con Morales en citas presidenciales oficiales, permitiendo sólo encuentros informales en distintos foros internacionales. Bolivia debe intentar cambiar, de manera prioritaria, esta mala relación.

 Marina Silva es de religión metodista y, por ello, sus posiciones son conservadoras en lo social. Sin embargo, expresa ideas liberales en lo económico.

Rousseff  ha centrado su campaña en  asegurar que su continuación en el poder da garantías de estabilidad y  defensa de los trabajadores.

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