Las utilidades del sistema financiero

Enrique Velazco
domingo, 5 de octubre de 2014 · 20:17
Uno de los candidatos a la Presidencia del Estado ha hecho bandera de las inéditas utilidades que el sistema financiero y, en particular la banca comercial, viene acumulando desde 2006, que él considera injustas.
En síntesis, señala que entre 2000 y 2005 (en seis años), los resultados netos acumulados por el sistema bancario fueron de 11 millones de dólares  de pérdida  (antes de impuestos), pero de  2006 a  2013 (ocho años), las 30 familias que controlan los bancos habrían logrado 1.500 millones de dólares en utilidades. Esta postura plantea una controversia respecto a la mirada oficial.
En una reciente entrevista, el Vicepresidente del Estado justificó las ganancias con el argumento de que el Estado participa de éstas en un 50%. El ministro de Economía y Finanzas, a su vez, explicó que cuando las utilidades superan el 13% del patrimonio de los bancos, se aplica una tasa adicional del 12,5% al IUE, de forma que la alícuota puede llegar al 37,5%.
Asimismo, recordó que aplican nuevos impuestos a la compra-venta de dólares, y que se han establecido pisos y techos a las tasas de interés para el sector productivo y para el financiamiento de la vivienda social.
A pesar de este entorno de mayor regulación, la ASFI informa que las utilidades de los bancos crecieron un 52% entre julio 2013 y julio de 2014. Esto se explicaría por el mayor volumen de operaciones del sistema, resultado del mayor número de clientes que alienta la creciente bancarización de las actividades económicas.
En resumen, los datos de la ASFI ratifican inéditas y crecientes utilidades de los bancos que se justificarían, primero, porque el Estado participa en las utilidades y, segundo, porque son el resultado de la bancarización que las políticas públicas promueven.
¿Es la controversia que plantea el candidato un tema que debería quedar en el plano de la pugna política y de las valoraciones subjetivas  o señala efectivamente un elemento que merece ser analizado como parte de un maduro debate para definir las estrategias de desarrollo y para construir un sistema crediticio socialmente útil?
Sin duda, desde 2006 se ha acelerado la bancarización. El número de cuentas a la vista y de ahorro supera los seis millones, habiéndose multiplicado por casi cinco veces desde 2006. Las operaciones de crédito se han duplicado en el mismo periodo, hasta casi 1,3 millones.
Sin embargo, a pesar de que los depósitos superan a la cartera, la relación de ingresos financieros respecto a los gastos financieros se ha duplicado entre 2006 y 2013; esto significa que los ingresos de los bancos, por pago de intereses de los créditos, se han duplicado respecto a lo que los bancos pagan por intereses a los depósitos. Algo similar sucede con los otros ingresos y gastos operativos.
En la estructura general de gastos, entre 2000 y 2013, el gasto financiero de los bancos bajó del 41% al 14%, mientras que los gastos administrativos se duplican del 27% al 56%.
En particular, desde 2006, el personal del sistema se triplicó, y el gasto de personal  por empleado  subió de 98.800 bolivianos a 120 mil , a pesar de que la productividad (cartera/empleado) se redujo en 5%; el gasto total en personal subió 4,1 veces, la retribución a directores se duplicó, las primas y aguinaldos crecieron cinco veces, las asignaciones familiares ocho y los incentivos aumentaron 17 veces. Éstos y otros datos de investigaciones en curso en la Fundación Inaset  sugieren que las tasas de interés -que son el origen de las utilidades de los bancos- no necesariamente reflejan "equilibrios de mercado” ni el costo real de la intermediación financiera, ni el riesgo efectivamente asumido por el sistema ni, menos, las prioridades de la sociedad. Es decir, los bancos ganan porque las normas lo permiten y lo alientan.
Esto se refleja en los aportes al Estado. Según los datos de ASFI, entre 2006 y 2011, la tasa efectiva del IUE pagado por el sistema (sobre unos 850 millones de dólares en utilidades), ha sido del 7,5% en promedio; recién a partir de 2012, la tasa del IUE es del orden del 25% y en  2013 llega a algo más del 30%. Pero incluso si el impuesto pagado fuera el 50% o más, el tema de fondo es que todos los ingresos, gastos y utilidades del sistema financiero constituyen costos para las unidades económicas que, necesariamente, afectan la productividad, en especial de las actividades generadoras de valor agregado y empleo digno.
 En pocas palabras, y para ponerlo crudo: lo que gana la banca, lo pierde la economía real: por eso, en las cuentas nacionales, el PIB del sector financiero se resta explícitamente del total como "Servicios Bancarios Imputados”.
En consecuencia, es un serio error conceptual suponer que la alta rentabilidad de los bancos es un indicador del dinamismo productivo o de la buena salud de la economía, sólo porque comparte sus utilidades con el Estado.
Urge, sin duda,  concertar y construir, colectivamente, un sistema crediticio dinámico, sólido y rentable,  pero, fundamentalmente, que sea socialmente útil. En tal sistema, la rentabilidad de la banca está plenamente justificada porque el crédito contribuye de forma directa a generar nuevas transacciones económicas, ingresos y empleo, cuyo valor supera los costos de la intermediación financiera. Lamentablemente, no parece que estemos avanzando en esa dirección.
 
Enrique Velazco es investigador en temas de desarrollo productivo de la Fundación Inaset

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