Desde el mirador

Patrimonio  mutilado

Mario Castro
domingo, 9 de noviembre de 2014 · 19:37
En ámbitos oficiales se ha anunciado que el Gobierno quiere recuperar algo que se ha detectado del mutilado patrimonio cultural del país, pero querer es simplemente un deseo y este asunto debería ser más que un deseo, una decisión, porque se trata de recuperar importantes piezas que fueron sustraídas de nuestro territorio y que se encuentran en museos de Europa, Estados Unidos y países de América Latina. 
Ahora ha vuelto a la actualidad el tema por una noticia procedente de Berna, Suiza, que indica que el afamado museo de esa capital europea, en virtud de  largas gestiones de la embajadora boliviana Elizabeth Salguero, devolverá a Bolivia la Illa de la deidad de la abundancia y prosperidad conocida como Ekeko, con la cual, en 1858, el científico suizo Johann Jacob von Tschudi, tras una treta mal intencionada, emborrachó a los campesinos que la custodiaban y huyó.
Esto me recuerda una entrevista periodística que le hice varios años atrás al connotado arqueólogo Jédu Sagárnaga. En la misma hizo las sorprendentes revelaciones de que en Estados Unidos se hallan más de 20.000 piezas de Bolivia y que en Suecia están cerca de 17.000.
Habiendo citado esos lugares, como ejemplo nada más,  hace pocos días sugirió recuperar tres piezas arqueológicas de alto valor histórico y cultural. Una, el  Chacha Puma (hombre puma) de la cultura tiwanakota, que se la llevó Alcides D’Orbigny  y que se encuentra en el Museo Quai Bran-
ly de París, Francia; dos, una llama de plata de la cultura inca que estaba en la Isla del Sol, que se la llevó, junto a centenares de piezas, Adolf Bandelier a Nueva York, Estados Unidos; tres, una tableta tallada en piedra para inhalar psicotrópicos de la cultura tiwanakota, vendida por Arturo Posnasky al museo etnográfico Juan B. Ambrosetti de Bueno Aires, Argentina.
Y, ¿dónde están tantos otros cotizados bienes de antiguas casas particulares de Potosí y Sucre que fueron adquiridas por poco monto? ¿Dónde han ido a parar las reliquias robadas de tantos templos de esas y otras ciudades y de aquellos pueblos grandes y pequeños que fueron saqueados?
La totalidad de esa riqueza se ha reducido notablemente por el hurto de muchas de esas obras, generalmente llevadas a otros países, perdidas las más de las veces irremediablemente.
De lo que queda en mínimo porcentaje, conservado o restaurado, la simple contemplación cautiva, a pesar del descuido y haber permanecido sin protección. Queda un depauperado patrimonio cultural menguado en gran proporción por acciones delincuenciales y por el tráfico inescrupuloso de obras de arte.
A propósito, no es desconocido que no existían, hasta hace poco, adecuadas disposiciones legales relativas a la exportación de bienes culturales. Por la ausencia de normas se ha facilitado el camino ilícito y se ha enajenado gran parte del patrimonio.
Aunque hace algunos años se ha aprobado un cuerpo de regulaciones que salvaguardan las exportaciones de obras de arte y artesanías es insuficiente y ya sabemos: "hecha la ley, hecha la trampa”.
El problema se da por doble vía. No sólo depende de las reglas legales impartidas en nuestro territorio; los países que facilitan la importación de esas obras tienen su cuota de responsabilidad. Sin embargo, aún se quiere confiar en la Convención de 1970 de la ONU, a través del organismo para la Educación, Ciencia y Cultura -Unesco- que pide medidas para impedir y prohibir la importación, la exportación y transferencia de propiedad ilícita de objetos culturales.
Entre los 55 países que suscribieron ese esfuerzo internacional está el nuestro y si todavía hay gente estimulada para el saqueo, no faltan  personas dispuestas, a veces apasionadamente, a evitar la destrucción de una de las importantes facetas de nuestra identidad constituida por esos bienes culturales.
A fin de contribuir a una estimación permanente de ese tesoro se realiza seminarios , simposios, cursos, mesas redondas, conferencias en centros estatales y privados, en fin, actividades de esa índole dirigidas a la valoración de esos testimonios, aunque sigue sucediendo la fuga al exterior, ante un control aduanero que en este rubro, al parecer, es ineficaz, y así da vía libre a las acciones delictivas que mutilan este patrimonio.

Mario Castro es periodista.

  Aunque se ha  aprobado un cuerpo de regulaciones que salvaguardan las exportaciones de obras de arte y artesanías es insuficiente.

 

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