Textura violeta

Las motocicletas antifeminicidios

Drina Ergueta
lunes, 17 de noviembre de 2014 · 20:44
Una motocicleta cruza rauda la avenida, esquiva minibuses, peatones y vendedores ambulantes. En apenas minutos llega a su destino, una casa en la que un hombre está a punto de clavar un cuchillo a una mujer, que de tanto golpe ya está casi inconsciente.
El policía motociclista la ha salvado, se ha lanzado sobre el aspirante a asesino y, al vuelo, le ha puesto las esposas inmovilizándolo. Desde lo alto de un edificio gubernamental y fálico, los líderes, también fálicos pero más bajitos, han visto la escena con prismáticos y dicen: misión cumplida.
Resulta desconcertante, por no decir penoso, que se diga que con la adquisición de unas cuantas motocicletas para la Policía se da un paso importante para contener la ola de feminicidios que se registra en el país. Refleja las terribles limitaciones de la entidad del orden y la miopía y desinterés que hay frente al problema.
No paran las publicaciones en los medios referidas a casos de mujeres asesinadas, jóvenes desaparecidas e infantes que sufren violaciones, entre otras atrocidades; tantas, como las que hacen referencia a la buena salud de la economía boliviana, los éxitos que se reflejan en arcas llenas del Estado y que permiten inversiones millonarísimas en edificaciones gubernamentales, entre ellas la Casa del Pueblo.
¿Es que las mujeres no son también el pueblo? Son más del 50% de la población y absolutamente todas sufren violencia, unas en por lo menos alguna de sus formas y gran parte en casi todas las modalidades reconocidas. Las muertes por el solo hecho de ser mujer, que es el feminicidio, son los casos extremos y pese a ello numerosos.
En lo que va del año son 69 los casos de feminicidios registrados oficialmente y 206 desde que se aprobó la Ley 348 contra la violencia machista en marzo de 2013. Son miles las denuncias anuales de violencia y de éstas un 30% desiste rápidamente. No es extraño, ya que gran parte de los casos, cuando pasan a estrados judiciales, no son resueltos.
La Ley 348 y su reciente reglamentación son resultado de la presión social ante la magnitud del problema, y es una legislación muy criticada por varias falencias. Con todo, algún efecto positivo muestra.  Este año, por primera vez, se ven avances en cuanto a sanciones, desde enero suman ocho las sentencias, la mayoría a 30 años sin derecho a indulto y, gracias a la modalidad de juicio abreviado y por considerarse que se detuvo al acusado en situación de flagrancia, el proceso fue expedito.
Pero no es suficiente y desde el Gobierno se han buscado nuevas maneras de hacer frente a los asesinatos de mujeres, como exhibir al escarnio público al acusado violentando también sus derechos; crear nuevas líneas telefónicas para pedir auxilio, que solo cubren a las cuatro ciudades más pobladas; y dotar, con gran alarde, de unas cuantas motocicletas a la Policía para que acuda a rescatar a la víctima.
La violencia contra las mujeres no son sólo casos policiales. Para reducir y eliminar los feminicidios es necesario trabajar por una sociedad nueva, donde no haya quien considere que sobre el otro sexo tiene el derecho natural de ordenar y ser obedecido, de utilizarle y castigarle, de ganar más por el mismo trabajo, de que le sirva en la casa, en la mesa y en la cama, de violarla si no está dispuesta, de menospreciarla al punto de no considerarle su igual y ni siquiera persona, de desahogar las frustraciones con golpes sobre ese cuerpo, de hacer con ella todo, todo lo que quiera, hasta, por último, matarla, sin recibir ninguna sanción.
No se puede atacar el problema desde el resultado fatal, además de hacerlo con paliativos, sino que hay que ir a sus bases, que, en este caso, es el patriarcado. Todos los sexos deben tener el mismo poder en la sociedad y eso pasa por el poder económico y por trascender a lo político.
 

Drina Ergueta es periodista.

  No se puede  atacar el problema desde el resultado fatal, además de hacerlo con paliativos, sino que hay que ir a sus bases: el patriarcado.

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