Editorial

El debate sobre el segundo aguinaldo

lunes, 24 de noviembre de 2014 · 21:35
Una de las decisiones más polémicas del Gobierno actual es haber aprobado un decreto supremo en el que se ordena a todas las empresas y actividades económicas pagar dos aguinaldos a fin de año, en vez de uno como establece la ley laboral.
Los críticos de la decisión manifestaron que ésta tenía un obvio rasgo electoralista y señalaron que el entonces presidente-candidato  Evo Morales buscaba ganar votos "con dinero ajeno”.
Sin embargo, la misma medida fue aplaudida en otros sectores porque  ayuda a redistribuir la riqueza. Además, al obtener los asalariados más recursos, los gastan y ello contribuye también a la expansión de la economía.
Analicemos este rasgo positivo con más detalle: achicar las brechas entre los que ganan más y los que ganan menos es algo adecuado, que permite generar una sociedad más justa y, por tanto, menos proclive a la conflictividad y la inestabilidad. Pero, al haberlo asumido de manera "ciega” sin matices, puede convertirse en un problema más que en un aspecto favorable. Con "ciega” nos referimos a que todas las entidades formales bolivianas (porque las informales, que emplean al 80% de la mano de obra boliviana, están exentas de realizar esa erogación) deben pagar el doble aguinaldo independientemente de si participan en sectores que tienen utilidades, que tienen alto endeudamiento, que generan más o menos empleo, etcétera. Tampoco atiende las diferencias entre sectores empresariales: es distinto pedir que se pague el doble aguinaldo a un colegio o un centro médico, cuyo presupuesto destina grandes cantidades de recursos a pagos de salarios, que hacerlo con una empresa petrolera o una entidad financiera, por ejemplo, cuyo gasto en ítem es mucho menor o que tienen muchas mayores utilidades. Entonces, esa "ceguera” de enfoque hace que la medida sea difícil de defender. El decreto debió redactarse de manera más matizada y reflexionada, aunque ello requería más esfuerzo y no cumplía con el primer objetivo de la medida: la demagogia.

Hace poco, tres sectores se han quejado de esta acción: las tareas de la Iglesia Católica destinadas a trabajos sociales y los emprendimientos de los pequeños y medianos empresarios. En algunos casos, el pago del doble aguinaldo, como ya ocurrió el año pasado, implicó la quiebra de algunas empresas. Ahora se teme que ocurra algo similar. Aunque con algunos aspectos razonables, por la manera cómo ha sido ejecutada, ésta es una medida autoritaria, que asume un Gobierno que no tiene límites en su accionar y que se niega a revisar o ajustar. Pero debe ser modificada por el bien de la salud de la economía nacional.

Al haberse asumido el  pago del segundo aguinaldo de manera "ciega” sin matices, puede convertirse en un problema más que en un logro.

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